Mi?rcoles, 08 de noviembre de 2006
Por Revista Lezama, especial para Causa Popular - Sunday, Jun. 05, 2005 at 3:21 PM
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Por Jos? Manuel Valenzuela Arce, gentileza de Revista Lezama (*), especial para Causa Popular.


- Las Maras son las nuevas pandillas juveniles que ocupan los barrios fronterizos de Estados Unidos y M?xico. Son miles de j?venes, hijos de la marginaci?n y la falta de futuro, que arrasan como la marabunta, con todo lo que encuentran a su paso. El gobierno norteamericano los acusa de drogadictos, asesinos y hasta de formar parte de una red con Al-Qaeda. Ante la masividad del fen?meno -que incluye a El Salvador, Honduras y Nicaragua- ya existen leyes antimaras y un plan policial de mano dura para combatirlos. El autor de esta nota, especialista en temas de frontera, demuestra que estos grupos son herederos de movimientos de resistencia como los chicanos, pachucos y cholos.

En los ?ltimos a?os los medios de comunicaci?n centroamericanos y estadounidenses se han dedicado a registrar la presencia de pandillas juveniles bajo el nombre de mareros. La fuerza de esos grupos ha provocado la intervenci?n directa de los gobiernos de Estados Unidos, El Salvador, Nicaragua, Honduras y M?xico.

No es para menos, solo basta con repasar las cifras que manejan las fuerzas policiales de esos pa?ses: al finalizar el a?o 2003 se registraron en Nicaragua unos 20.000 mareros pertenecientes a 1.058 pandillas, mientras que en El Salvador se contabilizaron 10.500 mareros divididos en cuatro grandes pandillas y en Guatemala 14 mil que actuaban en 434 grupos maras.

M?s all? de los n?meros, modificados tanto por los problemas de conteo como por la alta movilidad de los j?venes, los datos muestran por si solos la amenaza que representan esos j?venes para los gobiernos. Un dato m?s: en Estados Unidos, la polic?a de Los ?ngeles considera que en la actualidad la mara Salvatrucha (MS), uno de los grupos m?s importantes, est? compuesta por m?s de 600 pandillas en esa ciudad y m?s de 20.000 en Estados Unidos.

Ante el peso social de las maras algunos gobernantes optaron por establecer marcos jur?dicos y mecanismos legaloides para combatir este fen?meno, tales como las leyes antimaras e el Plan Mano Dura (ver recuadro), que no son otra cosa que reacciones ciegas frente a un fen?meno que deber?a analizarse desde perspectivas socioculturales. Comprender este asunto que se extiende hacia toda Centroam?rica exige una mirada que tenga en cuenta los movimientos juveniles como los pachuchos y los cholos.

?Qu? son las maras?

Las maras son agrupamientos al estilo de pandillas conformados por j?venes pobres y su nombre (asignado por la polic?a a partir de una pel?cula de los a?os sesenta), proviene de marabunta y alude a la condici?n depredadora de las hormigas que arrasan cuanto encuentran a su paso.

Se distinguen por el n?mero 13, treceava letra del abecedario, la M, que significa la vida loca (marihuana) y ?Mexicano?. La condici?n abarcadora del 13 tambi?n se ha expandido para integrar al conjunto de los barrios latinos, incluidas las maras.

En El Salvador, Guatemala, Honduras y M?xico, las maras crecieron en contextos sociales definidos por conflictos profundos y debido a la poca expectativa de desarrollo que tienen los j?venes frente a problemas urbanos como el desempleo, la explotaci?n del trabajo infantil, la violencia urbana y civil y la deportaci?n de muchos j?venes que hab?an emigrado al norte durante los a?os de guerra civil.

Se considera que los potenciales integrantes de las maras son j?venes que crecieron en los contextos urbanos de los a?os ?80: los deportados de Estados Unidos; parte de los 100.000 hu?rfanos de la guerra civil; las v?ctimas de la represi?n de los ?80 (ex polic?as y ex militares), y los j?venes que no encuentran opciones que les permitan acceder a una vida distinta a los precarios espacios latinoamericanos marcados por la pobreza y la miseria.

Las maras irrumpieron en los escenarios centroamericanos, generando una reacci?n adversa en diversos sectores sociales, oficiales y policiales. Tambi?n los medios masivos de comunicaci?n participaron en la construcci?n de un estigma que los persigue.

Mediante una recurrente sin?cdoque medi?tica, las maras devinieron en violencia, asesinato, robo, violaci?n, delincuencia, secuestro y pandillerismo. Estos elementos existen y definen la conducta de un n?mero significativo de mareros, pero resulta abusivo etiquetar a todo marero de delincuente. En la estigmatizaci?n de las maras tambi?n participaron figuras institucionales estadounidenses, en el marco de su estrategia de generar/ utilizar el miedo como recurso de legitimaci?n, limitaci?n de derechos ciudadanos y la continuaci?n de derechos jugosos a costa de muchas vidas inocentes.

Por ello las maras fueron asociadas al eje del mal, destac?ndose, sin ninguna evidencia, que hab?a una supuesta alianza entre mareros y Al Qaeda.

El funcionamiento interno

A mediados de los ?80, las maras expresaron la metamorfosis de las pandillas, integrando a j?venes pobres y recuperando diversos s?mbolos y elementos derivados del cholismo, situaci?n en la cual influy? la experiencia de los migrantes a Estados Unidos que se familiarizaron con las rutinas de vida, simbolog?a, lenguaje, vestuario y c?digos est?ticos de los barrios chicanos y mexicanos.

El origen de las maras es compeljo y escapa a la receta monocausal. Entre los elementos que los definen se encuentran los de orden estructural, econ?mico y social que marcan las condiciones de vida de una poblaci?n caracterizada por la depauperaci?n de amplios sectores sociales en Am?rica Latina: la desarticulaci?n de las relaciones agr?colas tradicionales y de las formas de relaci?n ind?gena y popular; el desalojo violento de grandes grupos ind?genas, las pol?ticas represivas impulsadas por Centroam?rica; la descomposici?n de los centros de habitabilidad urbana a partir de la violencia oficial, militar y paramilitar en las ciudades; la ausencia de empleos que propicia la migraci?n internacional; las transformaciones familiares que incluyen a decenas de miles de hu?rfanos de guerra y la fragmentaci?n familiar derivada de la migraci?n de padres, madres y hermanos.

Un segundo factor es la definici?n de redes transfronterizas creadas a partir de los procesos migratorios a Estados Unidos y, en menor medida, a M?xico; y Estados Unidos; la deportaci?n de muchos j?venes centroamericanos o estadounidenses de origen centroamericano a partir de la segunda mitad de los ?80 como parte de una redefinici?n de las pol?ticas migratorias estadounidenses, y las transformaciones de las c?rceles que implicaron la deportaci?n de presos, as? como la firma del Acuerdo de Paz en El Salvador que dej? librados a la buena de Dios a los ex combatientes.

Como tercer punto se destaca la recreaci?n de elementos culturales y simb?licos recuperados del repertorio de pachuchos y cholos, a trav?s de la experiencia directa en los barrios y mediante la recepci?n activa de pel?culas que recrean el tramado de las pandillas, con lo cual las maras presentan una fuerte influencia cultural mexicana y chicana, (re)apropiada y (re)significada por los mareros.

El barrio o el Fuerte Apache

No se puede entender el fen?meno de las maras sin relacionarlo con el del pachuquismo y de los cholos. El principal elemento que las maras recuperan y recrean de esos movimientos juveniles es el barrio. La organizaci?n barrial se presenta de manera clara dentro de las maras, como una condici?n de espacio, l?mite y limitante de experiencias comunes.

Como ya se dijo, las maras siguieron en el contexto estadounidense como parte de una relaci?n de encuentro/ desencuentro con las comunidades mexicanas y chicanas. Los j?venes maras se apropiaron de elementos distintivos de aquellas pandillas y hasta llegaron a ocupar espacios que antes eran habilitados y controlados por cholos, chicanos y mexicanos, tal el caso del antiguo Barrio 18, hoy la M18, perteneciente a una de las dos maras salvadore?as m?s importantes.

Los j?venes mareros tambi?n recuperaron formas del barrio chuco y cholo donde destaca la formulaci?n de consignas como: ?Eme a morir?, ?Hasta Morir?, ?Eme ese a morir?; ?la MS siempre?, ?La MS se respeta?, ?La MS controla?; ?La mara es mi familia?.

El barrio controla las lealtades y potencia los anclajes de pertenencia, por ello la mara, al igual que el barrio cholo, define diversas formas de integraci?n, como son los ritos de iniciaci?n, entre los cuales se encuentra la pelea entre nuevos habitantes y viejos miembros del barrio. El objetivo: conocer las habilidades y evaluar el respaldo que se dar? en caso de lucha con otros barrios o personas. La iniciaci?n de las mujeres en los barrios tambi?n var?a, existiendo algunos donde deben tener relaciones sexuales (trencito) con los hombres.

Sin embargo, hay otros en los cuales no existen ritos de iniciaci?n, sino que la aceptaci?n deriva de la confianza, la socializaci?n compartida y las experiencias comunes.

Entre las maras, existen liderazgos que ejercen las personas con mayor fuerza o capacidad para pelear, aunque en ocasiones estos liderazgos recaen en los veteranos. Sin embargo los j?venes establecen un discurso de igualdad donde en el barrio todos son iguales, todos son jefes. El barrio define diversas estrategias.

Se han incorporado distintos c?digos de mafia, son c?digos gangsteriles que definen la forma de relaci?n, entre las cuales resulta significativa la pr?ctica (no en todos los casos), de matar al homie que niega a su barrio y a quienes deciden abandonarlo.

Un elemento asociado a los barrios es la llamada vida loca: violencia, drogas, c?rcel y muerte. Muchas de las formas expresivas de la vida loca se recuperan de manera puntual en las maras, como ocurre con el uso de armas diversas, el driving by shooting, los rasgos agresivos, el uso del cuete, la filera y armas mayores.

Al mismo tiempo, se presenta una particular forma de articulaci?n con el mundo de las drogas, condici?n que afecta y potencia las formas de violencia y define un patr?n similar de consumo. La muerte, especialmente la muerte artera, resulta compa?era inseparable en los barrios, donde participa en forma magnificada en las rutinas cotidianas. La vida loca conlleva la c?rcel como marca y destino presente, cercano.

Vestuarios y murales

La singular est?tica del pachuco dio paso al vestuario de los cholos que combinaron al zoot suit con las marcas laborales en el atuendo. Los cholos de la tercera generaci?n introdujeron nuevos elementos en el vestuario hacia los a?os ?80, entre los cuales destacaban el abandono de las cabelleras peinadas hacia atr?s de forma impecable (al estilo Rodolfo Valentino), por cabezas con cabellos muy cortos, casi rapadas.

En muchos casos conservan el bigote corto y la barba candado. Pantalones baggies (diez cent?metros debajo de las rodillas, o ?shorts largos?), camisetas blancas de tirantes o anchas al estilo de las utilizadas en el f?tbol americano. Las maras tambi?n recuperaron la gestualidad del cholo, su andar cadencioso, su actitud desafiante, la conformaci?n cin?tica de las iniciales del barrio, o su representaci?n con las manos y los brazos que (de forma personal o colectiva), se convierten en trazos figuran las letras de su barrio o de su mara.

El arte mara se refleja en murales, graffitis y tatuajes. Los murales de las maras no compiten en su calidad con los murales elaborados por los artistas chicanos vinculados al Movimiento y al trabajo sociocultural comunitario.

Tampoco poseen en nivel de elaboraci?n de gran parte de los murales cholos en los barrios populares mexicanos; no obstante, algunas im?genes persisten entre los mareros como la figura de la madre y la virgen, la mujer, la vida loca y el dolor por la muerte artera, el compa baleado, las m?scaras griegas de la risa y la tragedia o la c?rcel como destino premonitorio.

Varios de los s?mbolos que aparecen en las paredes de los barrio maras se transmutan en tatuajes, al igual que el cholismo: el hombre de barrio, el n?mero 13, el nombre del homie, de la haina o de los seres queridos, alusiones al pa?s de origen y aspectos relacionados con el entramado de la vida, donde destacan las telara?as que simbolizan sus avatares, vicisitudes y problemas.

El tatuaje (tat?s, tats, tacs o tintas) son como una curr?cula de vida, que explican la vida emocional de los mareros. Pero para la polic?a estadounidense solo son fuente de informaci?n: ?sobre la filiaci?n de la banda, su historia personal, el origen del sujeto y el tipo de actividad criminal en el que el/ ella ha participado?

Hace 25 a?os, cuando estudiaba el fen?meno de los cholos mexicanos y estadounidenses, cuestion? la imagen estereotipada del cholo y la chola a quienes se les defin?a como analfabetos, producto de familias desintegradas, desinteresados por el trabajo, drogadictos y delincuentes, mientras que a las mujeres se las reduc?a a prostitutas. El estudio arroj? como resultados que casi todos los cholos y cholas sab?an leer y escribir, que pose?an un nivel de escolaridad superior a los promedios nacionales, y que la deserci?n escolar estaba relacionada con el cumplimiento de los requisitos m?nimos para ingresar al mercado de trabajo, pues a diferencia de lo que se pensaba, los cholos y cholas trabajan en promedios superiores a los de otros j?venes de su edad de clases medias o altas y que, muchos de los cholos desempleados buscaban trabajo.

La constante en condici?n laboral eran trabajos mal pagados, sin prestaciones ni seguridad en al empleo.

Lo anterior, dibujaba un cuadro de la dif?cil inserci?n social de los j?venes pobres de las colonias populares frente a las ofertas precarias o a la falta de opciones y de atenci?n a sus demandas, expectativas y aspiraciones. La apropiaci?n que hacen las maras de la cultura de los barrios mexicanos y chicanos en Estados Unidos y en la frontera norte mexicana, resulta un tanto parad?jica, pues la relaci?n entre cholos chicano - mexicanos y los salvadore?os, guatemaltecos, hondure?os, nicarag?enses, es contradictoria.

Existen entre ellos diversas rivalidades que llevan a algunos mareros a hablar de los cholos como ?chavalas mexicanas?. Ilustrando esta apropiaci?n cultural, Elena Zilberg define al lenguaje de las maras como una mezcla del ingl?s de las calles y el espanglish de las pandillas chicanas, al mismo tiempo que uno de los mareros con quienes trabaj?, se autodefine como un salvadore?o viviendo un estilo de vida chicano en Estados Unidos?

Los pachucas al ritmo del bambo

En las fronteras M?xico - Estados Unidos y las centroamericanas, ocurren procesos culturales intensos de recreaci?n, resistencia y disputas que participan en la (re)creaci?n de los imaginarios sociales, entre los cuales est?n los movimientos juveniles que, desde finales de los a?os ?30 del siglo pasado, han dado vida y estilo a las calles y barrios mexicanos y chicanos tanto en M?xico como en Estados Unidos.

La primera figura emblem?tica de las culturas juveniles transnacionales y transfronterizadas fue el pachuco, el cual surgi? en contextos definidos por el crecimiento de la poblaci?n de origen mexicano en Estados Unidos y los procesos de urbanizaci?n que vivi? como consecuencia de la demanda de trabajadores ante la aceleraci?n econ?mica estadounidense luego de las dos guerras mundiales. As?, la poblaci?n mexicana que antes trabaj? en sectores rurales y agr?colas pas? luego a estar vinculada al trabajo industrial y de servicios.

Sin embargo, el racismo institucionalizado estableci? trayectorias sociales diferenciadas a partir de la condici?n ?tnica, por ello el pachuco incorpor? de manera conspicua s?mbolos propios como recurso de resistencia social, pol?tica y cultural frente a la condici?n de subordinaci?n social y a la desacreditaci?n cultural. El , pachuco marc? las calles con sus graffitis, incorpor? sus lealtades mediante tatuajes visibles y ostentosos, recre? sus recursos discursivos ampliando la transformaci?n ling??stica de palabras en ingl?s, espa?ol y espanglish, adopt? un vestuario y una est?tica que le permiti? el movimiento ?gil al ritmo del bambo, de swing o de booguie.

Junto al pachuco, la chuca tambi?n delimit? nuevos territorios y conquist? espacios que hab?an estado reservados para los hombres. La pachuca patrull? y defendi? sus territorios, le dio gusto al cuerpo con la bailada, sac? sus navajas elaboradas con limas de u?as y particip? en las broncas y aventuras del barrio.

El chuco y la chuca, se definieron desde los l?mites identificatorios de su comunidad y rescataron sus ra?ces ?tnicas y redefinieron sus campos de lealtades y sus adscripciones. En los ?60 el pachuco, como el ax?lotl, se transform? en el cholo, una nueva figura transfronterizada que creci? masivamente entre los j?venes mexicanos y chicanos en ambos lados de la frontera. La irrupci?n del cholo result? contundente desde inicios de los a?os ?70 y, por m?s de cuatro d?cadas, se ha expandido por las ciudades de la frontera y luego en ciudades no fronterizas del centro de M?xico y de la frontera sur.

El Cholismo: ?Mi barrio es mi cant?n; es mi homeboy?

El pachuco dio paso a una nueva y poderosa expresi?n entre los j?venes urbanos de origen mexicano de los barrios de Los ?ngeles: el cholismo; concepto de lejanos or?genes, organizado de manera fundamental en redes informales definidas por la similitud de carencias econ?micas; gustos; ausencia de poderes; importantes procesos de resocializaci?n.

El cholismo tambi?n vive una fuerte segregaci?n derivada de la pertenencia ?tnica; redefinici?n de formas tradicionales de organizaci?n familiar; la droga que ?aparece? en todos los sectores sociales; la violencia como eje definitorio de la delimitaci?n de poderes y segregaci?n barrial.

En el cholismo se destaca la utilizaci?n de elementos simb?licos como marca decantada de recuperaci?n vivencial del pasado y recurso de resistencia por parte del Movimiento Chicano. En este movimiento los murales, dibujos y tatuajes fueron elementos a trav?s de los cuales se exhib?an las lealtades y se delimitaban las marcas de adscripci?n. Entre los referentes simb?licos del cholismo han prevalecido las im?genes sacras (la virgen de Guadalupe) los s?mbolos patrios (la imagen ind?gena, la charra, la madre, etc.) y las experiencias cotidianas del mundo de vida marcado por la violencia, la droga, el carnalismo y la muerte.

Su vestuario no posee la connotaci?n extravagante de los punks, ni la rebeld?a domesticada de los New Wave, sino la apropiaci?n descontextualizada de s?mbolos cotidianos y laborales. A los cholos estadounidenses los homogeneiza la pobreza y su pertenencia ?tnica y encuentran identidad a partir de lo mexicano.

Los cholos canalizan en el barrio necesidades afectivas, sentimientos de pertenencia, referentes de poder. Los barrios sustituyen la funci?n que corresponder?a a diversas instituciones sociales, proporciona satisfactores que la sociedad deber?a de dar a los j?venes tales como seguridad, espacios de interacci?n, sexualidad, entre otros.

Los cholos act?an mediante c?digos de honor y orgullo a trav?s de los cuales se definen a s? mismos; el cholo y la chola viven un constante proceso de prueba que se inicia en los ritos iniciat?rios para ingresar al barrio. La muerte no es futuro ni probabilidad, sino certeza cotidiana y artera. Los s?mbolos del cholismo son las canciones antiguas, rockanroleras y hiphoperas.

El cholo esgrime una imagen estoica de seguridad que le proporciona su adscripci?n al barrio, pero carece de poder social, de capacidad econ?mica, de defensa frente a la extorsi?n policial y las redadas.

Su expresi?n es bajita como su status, el lenguaje empobrecido y gestual. La vida es azarosa, impredecible, por eso el 13 es eco de la incertidumbre. El ?mbito de interacci?n es peque?o, estrecho, por eso las lealtades se reducen al barrio, a la familia: ?mi barrio es mi cant?n; es mi homeboy, porque aqu? est?n todos mis compas?.

Plan mano dura

El 10 de octubre de 2003 se aprob? en Centroam?rica una ley antimaras que inclu?a el nombramiento de jueces que deb?an juzgar a personas etiquetadas como mareros por la polic?a. Esta ley fue reformada el 12 de noviembre de ese mismo a?o, manteniendo la identificaci?n entre marero y delincuente. Las sanciones tipificadas por ?este delito?, fueron de dos a cinco a?os de c?rcel. Recientemente, el presidente de Honduras, propuso una ley para encarcelar hasta por 12 a?os a j?venes que, a juicio de la polic?a, pudieran pertenecer a grupos maras.

Esta iniciativa fue rechazada, y aunque no es la primera vez que se manipula al fen?meno del cholismo para impulsar medias restrictivas, est? demostrando la fuerza de un fen?meno juvenil originado hace m?s de 35 a?os.

Hoy la polic?a tiene poder y atribuciones para encarcelar a los j?venes que, seg?n sus criterios, aparenten ser maras, independientemente de su conducta, su pertenencia (o no) a una mara y haber cometido (o no) un delito.

Actualmente se penaliza con dos a seis a?os de c?rcel al pandillero que se sorprenda armado, sea que porte una AKR15 (de fuego), una navaja, una cachiporra, una paloma explosiva, o una botella de gasolina inflamable.

La derecha salvadore?a y la polic?a apoyan estas medidas e impulsan el Plan Mano Dura, que implica la detenci?n de mareros durante redadas o por simple sospecha, lo que ha propiciado la detenci?n de m?s de 5.000 j?venes.

En junio de 2003 se registraron m?s de 11.000 detenidos con ese mismo procedimiento. A pesar de esta ofensiva (similar a las emprendidas en Honduras), solo el 5% de los detenidos pudieron ser procesados y condenados, no obstante un alto margen de violaci?n de los Derechos Humanos.

En tanto, la polic?a de Los ?ngeles ha impulsado medidas espec?ficas contra los mareros, sentando graves precedentes. As?, en marzo de 2004 present? una orden de restricci?n contra 600 miembros de MS, de las zonas de Pico Uri?n y Hollywood, prohibi?ndoles reunirse en la calle, viajar en el mismo veh?culo y comunicarse por tel?fono entre ellos mientras est?n en esta zona.

En mayo la polic?a migratoria estadounidense alert? a la mexicana de Nuevo Le?n, se?alando que en el municipio de San Nicol?s, se identificaron miembros de la texana Mexican Mafia (MM, Mexikanemi, o la Emi), de la tambi?n texana Hermandad de Pistoleros Latinos (HPL, 16 / 14: letras P y L) y del Sindicato Texano.

Siempre precavida, la migra texana solicit? a la polic?a mexicana detenerlos y deportarlos antes de que cruzaran a Estados Unidos, afirmando que, adem?s de los salvadore?os, estas maras se encuentran formadas por personas de Ecuador, Guatemala, Honduras y M?xico.
Publicado por lalagunachalate @ 10:55
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