miércoles, 21 de marzo de 2007

Las mujeres de La Laguna (Tomado de Diario El Mundo)

14.03.2007
El 8 de marzo de 2007, las feligresas de la parroquia de La Laguna, en la zona rural de Chalatenango, celebraron por primera vez su día

Sandra Moreno
Periodista


Aunque no lo crea, por primera vez, las católicas de La Laguna, en el departamento de Chalatenango, organizaron una fiesta para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres. Una europea posiblemente se sorprenda de que hasta hoy se den cuenta de la fecha, pero si vivimos en El Salvador nos parece de lo más normal que todavía bastante gente no sepa de la importancia de celebrar el 8 de marzo cada año.



El cura Manuel Cubías temía que la convocatoria fuera pobre en asistencia, ya que al parecer tiene bastante experiencia en lanzar nuevas iniciativas que llevan su tiempo calar en las personas, sobre todo en la zona rural. Además era jueves, día de semana donde las mujeres tienen una fuerte agenda de quehaceres domésticos y de campo que sacar adelante. Sin embargo, las invitadas llegaron.



De repente, las bancas de la iglesia que formaban un círculo fueron insuficientes y hubo que ocupar las de atrás. Las diferentes generaciones se mezclaban, mientras la actividad comenzaba charlaban entre ellas y más de alguna mostraba a su bebé de pocos meses. Las viejas amigas se saludaban efusivamente. Reinaba el sentimiento de estar viviendo una experiencia nueva, parecían niñas con juguete nuevo. Vaya que si lo estaban disfrutando.



Fue realmente bello presenciar como aquellas mujeres se apropiaron de la Iglesia, un espacio donde sufren una de las injusticias más grandes de la humanidad: no se les permite ser sacerdotisas. Yo soy de las que creo que algún día tendrá que ceder el Papa y su maravilloso equipo de asesores, algún día, porque la justicia a veces tarda, pero por fin se impone. La espera lleva siglos, verdad, pero ante todo seamos optimistas.



Los cantos, las oraciones, el intercambiar experiencias de violencia intrafamiliar, de violaciones, de luchar por una mejor atención educativa, médica y llevar adelante proyectos, como un Banco comunal, fue parte de la agenda de esa mañana que se quedó corta en el tiempo para que las mujeres de La Laguna gritaran sin temor sus sueños, los cuales muchas veces han tenido que relegar, debido a un vivir en función de otros, llámense estos esposos, compañeros, hijos, hijas, padres, madres, ...



Son mujeres acostumbradas a la vida dura. Aquí no hay términos medios. Irónicamente sus cuerpos frágiles y menudos encierran una fuerza que emerge justamente en las situaciones extremas, sin embargo también se deja entrever el espíritu de lucha en el momento de tomar la palabra e improvisar un poema, un regalo para sus compañeras de religión, de género que han llegado desde cantones y caseríos alejados a enterarse por primera vez en su vida de que existe un día dedicado a las mujeres.



Doña Sofía, de 87 años, se levantó de su cama de convaleciente para estar en la fiesta. Con la tradicional mantilla negra en la cabeza, suéter a pesar del calor, cantó, aplaudió y hasta bailó junto a sus vecinas. ¡Qué raza! Solo por ella bien vale la pena seguir la lucha porque en El Salvador y en cualquier parte del mundo se respeten los derechos de las mujeres, quienes deben por fin comprender que en ningún momento son ciudadanas de segunda categoría.



Doña Sofía al igual que mis abuelas, Luisa y Paula, fueron y son mujeres que debieron soportar tratos humillantes toda su vida, porque el sistema que rige la sociedad que les tocó vivir dicta que las mujeres, por su sexo, no tenemos los mismos derechos que los hombres. Por tanto, nos corresponde a las nuevas generaciones lograr el cambio. Este 8 de marzo nos dieron una lección de cómo hacerlo, simplemente se tomaron la Iglesia con todo y cura.

Comentarios

Añadir un comentario