Lunes, 01 de octubre de 2007
El periodista niega ser un candidato pantalla y puntualiza ideas sobre la propuesta económica del Frente y su visión de la empresa privada.

José Luis Sanz/César Castro
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Fecha de actualización: 10/1/2007





Apenas 72 horas después de dejar el periodismo y lanzarse a la política, Mauricio Funes, por más de una década el entrevistador de televisión y ahora pieza clave para las estadísticas del FMLN para llegar a la Presidencia, concede una entrevista a uno de los medios de los que desconfía.

Inesperadamente, se muestra más tranquilo y seguro de lo que se le vio las últimas semanas —se podría decir que los últimos años—, envuelto en el “sí-no” de una candidatura que no terminaba de hacérsele realidad. Y menos agresivo que en sus últimos discursos y editoriales. Ahora que ya es la bandera del Frente, atempera y trata de hilar fino. Para empezar, manda mensajes a empresa privada y medios: no quiere más enemigos de los inevitables.


Hace cuatro años se planteó ser candidato y en el FMLN hubo negociaciones para que lo fuera, pero Schafik Hándal vetó esa posibilidad. ¿Se equivocó el FMLN?
No creo. Mauricio Funes hace cuatro años no estaba preparado para ser candidato. De hecho planteé que dejaría el periodismo cuando considerara que había cerrado mi ciclo como periodista, y no era una frase retórica. Pero muchas veces somos rebasados por las circunstancias.


Dijo que solo se lanzaría a la política si se le cerraban los espacios para hacer periodismo. ¿Se los han cerrado ahora?
Sí para el tipo de periodismo en el que creo. En El Salvador, cuando el periodismo fiscaliza el ejercicio del poder y denuncia sus arbitrariedades, acaba enfrentándose con él. Me pasó a mí. Cada enfrentamiento ha ido cerrando espacio al periodismo en el que yo creía y que otros colegas también practicaban.

Sectores del poder económico y político vinculados a ARENA hablaron con los propietarios de los canales para los que yo estaba trabajando, pidiendo que yo saliera.


¿Pasó eso en el 21?
No me cabe duda. Megavisión fue presionado para cerrar mi espacio. Sobre todo, cuando se me mencionó como posible candidato.


¿Qué ha cambiado en el FMLN para que, al contrario de 2003, en este momento sí lo hayan nombrado candidato?
Cuando se aprobó en diciembre la reforma estatutaria que eliminaba las elecciones internas, se dijo que el FMLN estaba retrocediendo y blindando la elección para asegurar cargos a comandantes y dirigentes históricos. No fue así. Mi candidatura es una señal de apertura y evolución sin precedentes en la dirigencia del FMLN. Y en la militancia. Porque aquí la dirigencia respondió a la militancia.


¿Es una apertura de tinte ideológico-político o pragmático?
Es política. Sería pragmática si este paso se diera únicamente aprovechando la buena imagen de Mauricio Funes para remozar la del partido. Pero no es así.


¿Por qué está tan seguro?
El FMLN no puede darse el lujo de llevar un títere a la Presidencia, porque en caso de ganar en 2009 el presidente tendrá que romper con una tradición del ejercicio del poder, y si no tiene carácter, temple, si no ejerce la presidencia con energía, no lo va a hacer bien.


Hace cuatro años el FMLN pensó que no se podía dar el lujo de llevar a alguien que no se identificara plenamente con los principios que encarnaba Hándal.
Esa idea ya no predomina ni en la dirigencia ni en la militancia.


¿Es diferente el proyecto político que el FMLN encarnará en usted del que lanzó hace cuatro años?
Hay ofertas que ya no se defienden con la vehemencia del pasado. Antes hablaba de desdolarizar. Ahora, aunque la dirección del FMLN tiene claro que hay que hacer algo diferente, también coincide en que no se puede repetir la manera en que ARENA aprobó la Ley de Integración Monetaria: de espaldas a la población, sin consultas ni debate. La experiencia de Costa Rica con el plebiscito sobre el TLC ha dado enseñanzas a la región que el FMLN está dispuesto a recoger...


¿Está proponiendo un referéndum sobre la dolarización?
No sé si la figura adecuada es el referéndum, pero sí una consulta amplia. Cuando he preguntado como periodista a Gerson Martínez o Roberto Lorenzana si piensan derogar la Ley de Integración Monetaria me han dicho que no podemos darnos el lujo de implementar una medida que provoque una espiral inflacionaria. No podemos ser irresponsables, me han dicho. La decisión que se tome con respecto al colón y al dólar será meditada, y eso ya es un cambio.


¿Está diciendo que su candidatura o el programa será más pragmático que ideológico frente al de hace cuatro años del FMLN?
Diría que estará más afincado en los problemas de la sociedad y, sobre todo, será más efectivo para resolver los problemas.

El pragmatismo se puede confundir con tomar decisiones de carácter coyuntural, muchas veces para responder a una idea que domina en la sociedad. En este caso no es así. Muchas veces lo popular puede ser irresponsable, y muchas medidas no son populares pero sí necesarias. El FMLN está decidido a aplicar las medidas necesarias, aunque no sean populares.


¿Eso implica enfrentarse también a sus propias bases?
Claro. Las bases pueden exigir algo atractivo pero que no es necesariamente lo que necesita el país. Ese es el desafío de la dirección, y mío como candidato.


¿Qué condiciones ha puesto al FMLN para ser candidato?
Vengo hablando con el FMLN desde que me comunicaron oficialmente que mi nombre estaba sonando, pláticas informales...


¿Habla de cinco o seis meses?
Desde el momento que apareció mi nombre algunos de ellos tomaron contacto informal conmigo...


Quiero que sea preciso, porque se podría leer que el FMLN lleva cuatro años hablando con usted.
Es que lo han hecho. Antes de la elección anterior, en 2003, siete u ocho coordinadores departamentales hablaron conmigo. Y hubo diputados que tenían simpatía con mi posible candidatura y hablaron conmigo... Desde entonces, con baches, por supuesto, esas conversaciones han seguido. Y poco después de la reforma aprobada por la convención en diciembre pasado, hubo diputados, dirigentes, que me decían “las bases mencionaban su nombre”. Pero no me decían “¿por qué no se anima”. No tenían autorización para hacerlo.

Tampoco era parte de mi agenda cotidiana reflexionar ese tema... Lo platicaba con mi esposa, con Wanda, que hace las veces de mi consejera. Tengo muy pocos amigos y mi círculo de allegados es reducido. Por eso lo consulté con muy poca gente. Pero con Wanda sí lo he venido platicando y siempre dijimos: “Esperemos”.

Hasta que, formalmente, el Frente me comunicó hace un mes que mi nombre era el que más sonaba tras consultas con los sectores municipales y departamentales, con otras organizaciones, incluso con otros partidos políticos.


Hablábamos de las condiciones que le puso usted al FMLN.
Le dije al FMLN que asumía esta responsabilidad histórica en la medida en que tuviera los suficientes márgenes de maniobra como para que mi punto de vista fuera tomado en cuenta. No estaba dispuesto a asumir un programa de gobierno ya cocinado.

También pedí participación en la conformación de los equipos técnicos que decidirán, a partir de la consulta ciudadana, los componentes del programa de gobierno. Porque esos equipos, en caso de ganar, pudieran constituirse eventualmente en mi gabinete de Estado.

Y pedí algo todavía más importante, que cae por su peso: desde el momento en que acepto me convierto en el vocero oficial de la candidatura. Es decir, el que tiene la última palabra de cara a los medios es el candidato. No soy una figura decorativa.


¿Entra a la dirigencia del FMLN?
No. No tengo experiencia dentro del partido como para ser un cuadro de dirección.


¿Qué le garantiza que el FMLN cumplirá esos compromisos?
¿Por qué tengo que dudar de eso?


Digámoslo de otro modo: ¿qué hace que confíe tan firmemente en la palabra del FMLN?
Como dices, es una confianza firme... no ciega. Yo no confío ciegamente en nadie. Pero la dirigencia del FMLN me ha dado suficientes señales. No me involucraría en este esfuerzo si tuviera una duda razonable.


¿Qué condiciones le ha puesto el FMLN para hacerlo candidato?
No me han puesto condiciones.


¿El FMLN no le ha pedido nada, ninguna prueba de lealtad?
No me ha pedido nada.


¿Qué piensa de los planteamientos que hizo Arturo Zablah?
No quisiera juzgar ese ofrecimiento, porque es una persona a la que siempre he respetado. De hecho, parte de su notoriedad se debe a que a menudo lo invité a mi programa, porque lo considero un empresario consciente de los problemas del país y con capacidad.

Sus razones tendrá para haberse ofrecido como candidato, pero si lo hizo para presionar hacia una decisión diferente dentro del FMLN fue un error de cálculo.


¿Lo invitaría a su equipo técnico para el programa de gobierno?
Por supuesto. Es un hombre que tiene ideas importantes, un técnico. ¿Por qué no invitarlo a los equipos de trabajo, o al gabinete, en caso de ganar?


El FMLN ha criticado por años al gran empresariado nacional, en parte por su influencia en los gobiernos de ARENA, ¿qué piensa?
Coincido con esas críticas, aunque algunas se han pasado de tono y han generalizado. Yo no critico a los empresarios en general. Lo que ha habido es empresarios, los menos, que han utilizado su posición privilegiada para secuestrar el Estado en beneficio de sus intereses. Y esa relación tiene que acabar.

El FMLN no tiene un planteamiento antiempresarial, solo critica a los empresarios que abusan, y critica un Estado patrimonialista y corporativo.


Las gremiales empresariales ven con cautela, como mínimo, un eventual gobierno del FMLN.
Porque no están debidamente informadas de los cambios al interior del FMLN y del planteamiento programático. Si lo estuvieran, tendrían otra visión. Pensar que el FMLN no cambia es como pensar que las gremiales de ahora son las del pasado, las que articularon el paro empresarial e intentaron desestabilizar a Duarte, cuando impulsó una reforma tributaria. No es así. Las gremiales han cambiado.


Levanta suspicacias la insistencia en el posible cambio del modelo económico. ¿Cree usted que ese cambio debe negociarse?
Ahí hay una discusión semántica delicada que si no se aborda adecuadamente puede profundizar temores. Para el FMLN, y lo deberían decir los dirigentes del partido, de lo que se trata es de garantizar la existencia de un mercado que sea regulado por una autoridad lo bastante fuerte para evitar abusos. Nadie plantea la eliminación de la propiedad privada o del empresario privado, que es importante en el país, que es una fuerza productiva que hay que respetar y promover.

Lo que pasa es que ha habido una desprotección del empresario nacional en detrimento de ciertos empresarios que mantienen un vínculo con el capital transnacional. Aquí se ha desprotegido al agro, a los industriales... Y el Estado tiene que intervenir cuando los empresarios abusan de su posición y sacan de competencia a otros por su afinidad o por su mayor relación con el aparato de Estado. El Estado tiene que ser lo bastante fuerte para intervenir como árbitro, no como un jugador.


¿Contempla nacionalizaciones?
No está sobre la mesa la posibilidad de nacionalizaciones.


¿Qué cambios requiere, según usted el modelo fiscal del país?
Tiene que haber un pacto fiscal. Lo dijo también el ex embajador Barclay: los niveles de evasión y elusión y contrabando que no tendríamos necesidad de adquirir más préstamos internacionales para financiar el desarrollo.

Recurrir a préstamos nos lleva a renunciar a políticas redistributivas del ingreso vía impuestos. No estoy hablando de imponer o establecer más impuestos, sino de cobrar los impuestos que no se cobran.


Vaya... en eso está de acuerdo con el presidente Saca.
El problema es que el presidente Saca dejó la reforma a medio término, y por eso se fue el ex ministro López Suárez: porque no lo dejaron avanzar en la reforma.


¿La reforma original le gustaba?
La reforma en sus inicios sí, pero tenía que avanzar. El ministro renunció porque, aparte de que no pudo llevar adelante la reforma, se encontró con que un funcionario cercano a Saca se estaba apropiando del patrimonio público, y el presidente no quiso enfrentar al ex ministro con su amigo.

Algo está pasando en la administración pública, y hay que destaparlo. La prensa lo está haciendo, y el nuevo gobierno puede destaparlo aún más. A eso tienen miedo: a que haya un destape.


¿Lo habría?
Lo habría. Esa es la diferencia fundamental: que en el país ya no se pueden hacer negocios utilizando al Estado como un socio para favorecer a unos cuantos.
Publicado por lalagunachalate @ 12:04
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