221 mil salvadoreños reinscritos al TPS
Cancillería cataloga el proceso como un éxito que dará 18 meses de tranquilidad a un grupo de nacionales, que gozan de permisos de trabajo y estabilidad migratoria.
Rodrigo Baires Quezada
Publicada el 23 de octubre de 2007 - El Faro
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DALLAS, E.U.A.- El reloj marca las 3:30 p.m. Wendy Sandoval revisa los documentos que lleva en sus manos: el carné del TPS, los money orders que comprueban el pago del permiso de trabajo y las mediciones biométricas, el pasaporte y otros documentos personales. “Sin el TPS no sabría que hacer. Es lo que me permite trabajar… y tengo dos hijos, uno de dos años y medio y el pequeño de cuatro meses. A mi me deportarían y ellos se quedarían aquí. No, gracias”, explica y vuelve a revisar el legajo de documentos, los ordena y entra al Consulado General de El Salvador en Dallas, Estados Unidos.
Una hora después, toda la documentación de Wendy se suma a las más de 221 mil solicitudes de reinscripción para el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), presentadas en los últimos dos meses.
El permiso en corto
El nuevo TPS tendrá una validez de 18 meses, con vencimiento hasta marzo de 2009, y la USCIS entregará una nueva tarjeta que tardaría 90 días para ser procesada.
Los costos por la extensión del TPS para una persona adulta aumentaron de 170 a 420 dólares, que incluyen 340 dólares del permiso de trabajo y 80 de la toma de datos biométricos. En el caso de los niños, el costo fue de 80 dólares, 10 más que en la última ocasión.
El gobierno de Estados Unidos ofreció una exención de pago a los salvadoreños que demostraran no tener recursos económicos, empleo y que no estuvieran mandando remesas a El Salvador. Toda solicitud sería investigada.
La a la Oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración (USCIS, por sus siglas en inglés) abrió el proceso de reinscripción al TPS el 21 de agosto y estaba dirigido a los 234 mil salvadoreños que lo habían renovado en 2006. El nuevo permiso tiene una validez de 18 meses, a vencerse en marzo del 2009, y se extiende a cualquier salvadoreño que carezca de antecedentes penales y que entró a Estados Unidos antes del 2001 y se registró ese mismo año en el programa. Con la extensión del estatus, con un costo de 420 dólares, los salvadoreños elegibles gozan de permisos de trabajo y estabilidad migratoria.
Cancillería habla de 221 mil solicitudes de reinscripción recibidas -121 mil procesadas; tres mil 500 rechazadas y el resto en sobres pendientes de revisión-, aún cuando no existe una cifra oficializada por el gobierno estadounidense. “Dentro de lo previsto, los resultados han sido muy positivos. Posiblemente este número aumente el día de hoy (lunes, fecha tope para la reinscripción)”, dijo en conferencia de prensa en El Salvador el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Laínez.
“Creemos que hemos alcanzado a un 80 ó 90 por ciento de los 234 mil compatriotas aptos para la reinscripción del TPS”, dice Mario Róger Hernández, cónsul general de El Salvador en Dallas a pocas horas del cierre de la jornada. “Pueden ser más por las solicitudes que se están procesando en este momento y las que serán enviadas vía internet”.
Los costos
La red consular de El Salvador en Estados Unidos –la embajada en Washington y 16 consulados en otras tantas ciudades- mantuvieron una jornada extraordinaria durante todo el proceso de reinscripción. “Vamos a atender al último repunte de gente en Dallas”, dijo Hernández el viernes pasado. “Es una jornada extraordinaria sábado, domingo y lunes, en la que no se atienden otros servicios consulares, para dedicarnos única y exclusivamente a la reinscripción del TPS”.
El proceso incluyó consulados móviles, visitas a ciudades aledañas a los consulados, festivales e, incluso, Ferias de Salud en las que se daba asesoría migratoria para casos problemáticos y se ofrecía el servicio de llenado de los formularios.
El lunes por la tarde, apenas una docena de personas esperaban ser atendidas en el Consulado de El Salvador en Dallas. “Hoy (lunes) hemos atendido a unas 50 personas, al igual que el domingo. El sábado se nos disparó a más de 200 personas”, dice Hernández. En el área de la Bahía, en San Francisco, según relató el cónsul Rafael Carballo, el último día de inscripciones atendieron a unas 25 personas.
Ambos cónsules concuerdan que se superaron las expectativas. “Comparando números respecto a la inscripción del año pasado hemos recibido aproximadamente un 55 por ciento más de usuarios en este proceso. La respuesta ha sido bastante positiva”, reconoce Rafael Carballo, cónsul general en San Francisco. En Dallas se atendieron cerca de cinco mil salvadoreños porque “el servicio que estábamos dando era totalmente gratuito”, reconoce Hernández.
Ese fue un punto a favor a de la red consular. Fuera de ella, a los costos establecidos por USCIS se sumaban “donaciones” o cobros por el servicio de asesoría y llenado de los formularios. “Depende de dónde se hiciera el trámite. Desde 500 dólares en despachos jurídicos hasta 40 dólares con notarios públicos, depende de la confianza que se tenga. En otros lugares, algunas organizaciones le cobraban a uno entre 100 y 150 dólares de donación por hacer el papeleo”, dice Juan Guzmán, residente de la ciudad de Irving, en Texas.
Según Carballo, en el área de la Bahía de San Francisco, en promedio se cobraba 100 dólares por hacer el papeleo de una persona. “Pero sobre todo en regiones o ciudades más pequeñas o remotas los costos fueron más elevados. Para ejemplo, cuando visitamos la ciudad de Reno, Nevada, nos contaron que hasta llegaban a cobrarles de 750 a 1 mil 200 dólares por aplicación”.
Mar;ia Rivera, una migueleña que vive con su esposo en Dallas desde hace seis años, se queja de los costos. “Ya de por sí está caro todo. Uno gana en dólares, pero hay que pagar la renta, los ‘biles’ (sic) todos los meses… y sacarse 420 dólares por persona no es tan chiche. En la casa éramos dos, con mi esposo, son más de 800 dólares.”
El permiso de trabajo
Por eso la señora Rivera, como Wendy y más de 40 salvadoreños, llegó el último día al Consulado General en Dallas. “No podíamos pagar más, si hasta de último lo dejamos mientras reuníamos el dinero”, dice y mira de reojo los reflejos del metal de los money orders que sostiene entre sus manos.
“Para muchos fue la falta de dinero. Otros, el tiempo. Pero era preferible perder un día de trabajo a perder el permiso y tu estatus migratorio”, dice el cónsul Hernández. Aunque en general la mayoría de salvadoreños que podían aplicar atendió los llamados a la reinscripción en los primeros días.
“La gente estaba a la expectativa del TPS. Muchos nos llamaban por teléfono para ver sí ya habían dado el inicio de la reinscripción”, recuerda Carballo. En segundo lugar, dice, estaría el intento fallido de aprobar la reforma migratoria, a principios de junio pasado. “Eso hizo que las personas se inscribieran masivamente desde el inicio”.
Aunque la USCIS renovó por seis meses los permisos de trabajo otorgados en la pasada reinscripción al TPS, muchos optaron por adelantar los trámites para contar con un permiso que tuviera estampado la extensión hasta marzo de 2009. “El anuncio del proceso salió a dos semanas de que venciera el permiso de trabajo. La intención de la gente fue tramitarlo antes para pasar el menor tiempo posible con un documento que, aunque ha sido revalidado, físicamente está vencido y que les puede generar muchas incomodidades en el trabajo”, dice Hernández.
Así, para Rigoberto Bonilla el TPS es la única garantía de tener un trabajo digno. Bonilla nació en La Unión en 1976, llegó a Estados Unidos 14 años atrás. Hasta el 2001, su estatus migratorio era inmigrante ilegal y las posibilidades de tener un trabajo bien remunerado “con todas las de la ley” eran mínimas. “Dependías de la voluntad del patrón. Si era buena gente, tenías un salario decente. Si no, olvídate. Hacían lo que querían con uno”, relata.
Con el TPS en mano, Bonilla obtuvo un permiso que le permite trabajar como pulidor en una fábrica de muebles y devengar un salario de 8.75 dólares por hora. “Son 40 horas por semanas… 350 dólares a la semana… puede ser un poco más con horas extras”, hace cuentas. Sin permiso y en un trabajo similar, un inmigrante puede ganar con suerte entre 6 ó 6.5 dólares la hora y sin derecho a seguro u otras prestaciones.
“Por eso nosotros les dábamos a los usuarios una carta explicativa de parte del consulado y anexábamos el comunicado de prensa oficial del USCIS, donde se anunciaba de la prórroga del permiso de trabajo”, explicó Carballo.
“Lo primero que te piden si te enfermas o tenés un accidente laboral es tu identificación. Si no tenés la ‘green card’ (el permiso de residencia permanente) o un permiso de trabajo, pues no te atienden”, relata Wendy Sandoval, salvadoreña residente de Fort Worth desde hace ocho años y empleada de una distribuidora de ropa. “Y claro, el patrón para no tener problemas por tener inmigrantes ilegales, te despiden”, relata.
El ahora y el mañana
A ello se suma el endurecimiento de las leyes anti inmigrantes en Estados Unidos y políticas de algunas ciudades específicas. Juan Guzmán lo ha visto de primera mano en Irving, una ciudad adyacente a Dallas, donde diferentes grupos denunciaron acoso a inmigrantes por parte de la policía amparada en la aplicación del Programa de Inmigrantes Criminales 24/7 (CAP 24/7, por sus siglas en inglés).
Según publicó el periódico Al Día de Dallas, el departamento de policía de Irving detuvo a más de 1 mil 600 indocumentados bajos tres mil 901 cargos criminales entre septiembre de 2006 y el mismo mes de este año. “Te detenían por algún delito menor, como manejar sin licencia y te llevaban a la cárcel, donde verificaban tu estatus migratorio. Si no tenés papeles, te deportaban”, recuerda Guzmán.
“Por eso es tan importante estar seguro… no es que uno sea residente con el TPS, pero algo es algo”, reconoció Juan Carlos Asensio, originario de San Juan Opico que vive en Dallas desde 1998. “Con los papeles uno está más tranquilo, aunque sea por un rato, de aquí al 2009”.
“¿Qué pasará en marzo de 2009?, no lo sabemos”, concuerda Bonilla y prosigue: “Mire, la cosa es clara… ahorita tenemos trabajo porque tenemos el permiso. ¿Después?, no sabemos.”
Según explica Hernández, la misma pregunta le hicieron varios compatriotas luego de recibir asesoría migratoria. “Tenga por seguro que el gobierno de El Salvador hará todas la gestiones diplomáticas y políticas necesarias para que estas personas puedan optar a otros estatus migratorio más permanente”, promete el cónsul en Dallas. Una promesa que ya ha hecho Laínez y el embajador en Washington, René León.
Afuera del consulado, Roque Marquina, otro unionense residente en Dallas, aprieta el cigarrillo entre sus dientes al escuchar las palabras del diplomático. “Nos toca socar con esto. Ahora tenemos el TPS, eso es lo seguro… Después ya veremos. Para mientras hay que echar riata porque tenemos necesidades aquí y gente que espera aunque sea un poquito de dinero allá (en El Salvador)”.
Rodrigo Baires Quezada
Publicada el 23 de octubre de 2007 - El Faro
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DALLAS, E.U.A.- El reloj marca las 3:30 p.m. Wendy Sandoval revisa los documentos que lleva en sus manos: el carné del TPS, los money orders que comprueban el pago del permiso de trabajo y las mediciones biométricas, el pasaporte y otros documentos personales. “Sin el TPS no sabría que hacer. Es lo que me permite trabajar… y tengo dos hijos, uno de dos años y medio y el pequeño de cuatro meses. A mi me deportarían y ellos se quedarían aquí. No, gracias”, explica y vuelve a revisar el legajo de documentos, los ordena y entra al Consulado General de El Salvador en Dallas, Estados Unidos.
Una hora después, toda la documentación de Wendy se suma a las más de 221 mil solicitudes de reinscripción para el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), presentadas en los últimos dos meses.
El permiso en corto
El nuevo TPS tendrá una validez de 18 meses, con vencimiento hasta marzo de 2009, y la USCIS entregará una nueva tarjeta que tardaría 90 días para ser procesada.
Los costos por la extensión del TPS para una persona adulta aumentaron de 170 a 420 dólares, que incluyen 340 dólares del permiso de trabajo y 80 de la toma de datos biométricos. En el caso de los niños, el costo fue de 80 dólares, 10 más que en la última ocasión.
El gobierno de Estados Unidos ofreció una exención de pago a los salvadoreños que demostraran no tener recursos económicos, empleo y que no estuvieran mandando remesas a El Salvador. Toda solicitud sería investigada.
La a la Oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración (USCIS, por sus siglas en inglés) abrió el proceso de reinscripción al TPS el 21 de agosto y estaba dirigido a los 234 mil salvadoreños que lo habían renovado en 2006. El nuevo permiso tiene una validez de 18 meses, a vencerse en marzo del 2009, y se extiende a cualquier salvadoreño que carezca de antecedentes penales y que entró a Estados Unidos antes del 2001 y se registró ese mismo año en el programa. Con la extensión del estatus, con un costo de 420 dólares, los salvadoreños elegibles gozan de permisos de trabajo y estabilidad migratoria.
Cancillería habla de 221 mil solicitudes de reinscripción recibidas -121 mil procesadas; tres mil 500 rechazadas y el resto en sobres pendientes de revisión-, aún cuando no existe una cifra oficializada por el gobierno estadounidense. “Dentro de lo previsto, los resultados han sido muy positivos. Posiblemente este número aumente el día de hoy (lunes, fecha tope para la reinscripción)”, dijo en conferencia de prensa en El Salvador el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Laínez.
“Creemos que hemos alcanzado a un 80 ó 90 por ciento de los 234 mil compatriotas aptos para la reinscripción del TPS”, dice Mario Róger Hernández, cónsul general de El Salvador en Dallas a pocas horas del cierre de la jornada. “Pueden ser más por las solicitudes que se están procesando en este momento y las que serán enviadas vía internet”.
Los costos
La red consular de El Salvador en Estados Unidos –la embajada en Washington y 16 consulados en otras tantas ciudades- mantuvieron una jornada extraordinaria durante todo el proceso de reinscripción. “Vamos a atender al último repunte de gente en Dallas”, dijo Hernández el viernes pasado. “Es una jornada extraordinaria sábado, domingo y lunes, en la que no se atienden otros servicios consulares, para dedicarnos única y exclusivamente a la reinscripción del TPS”.
El proceso incluyó consulados móviles, visitas a ciudades aledañas a los consulados, festivales e, incluso, Ferias de Salud en las que se daba asesoría migratoria para casos problemáticos y se ofrecía el servicio de llenado de los formularios.
El lunes por la tarde, apenas una docena de personas esperaban ser atendidas en el Consulado de El Salvador en Dallas. “Hoy (lunes) hemos atendido a unas 50 personas, al igual que el domingo. El sábado se nos disparó a más de 200 personas”, dice Hernández. En el área de la Bahía, en San Francisco, según relató el cónsul Rafael Carballo, el último día de inscripciones atendieron a unas 25 personas.
Ambos cónsules concuerdan que se superaron las expectativas. “Comparando números respecto a la inscripción del año pasado hemos recibido aproximadamente un 55 por ciento más de usuarios en este proceso. La respuesta ha sido bastante positiva”, reconoce Rafael Carballo, cónsul general en San Francisco. En Dallas se atendieron cerca de cinco mil salvadoreños porque “el servicio que estábamos dando era totalmente gratuito”, reconoce Hernández.
Ese fue un punto a favor a de la red consular. Fuera de ella, a los costos establecidos por USCIS se sumaban “donaciones” o cobros por el servicio de asesoría y llenado de los formularios. “Depende de dónde se hiciera el trámite. Desde 500 dólares en despachos jurídicos hasta 40 dólares con notarios públicos, depende de la confianza que se tenga. En otros lugares, algunas organizaciones le cobraban a uno entre 100 y 150 dólares de donación por hacer el papeleo”, dice Juan Guzmán, residente de la ciudad de Irving, en Texas.
Según Carballo, en el área de la Bahía de San Francisco, en promedio se cobraba 100 dólares por hacer el papeleo de una persona. “Pero sobre todo en regiones o ciudades más pequeñas o remotas los costos fueron más elevados. Para ejemplo, cuando visitamos la ciudad de Reno, Nevada, nos contaron que hasta llegaban a cobrarles de 750 a 1 mil 200 dólares por aplicación”.
Mar;ia Rivera, una migueleña que vive con su esposo en Dallas desde hace seis años, se queja de los costos. “Ya de por sí está caro todo. Uno gana en dólares, pero hay que pagar la renta, los ‘biles’ (sic) todos los meses… y sacarse 420 dólares por persona no es tan chiche. En la casa éramos dos, con mi esposo, son más de 800 dólares.”
El permiso de trabajo
Por eso la señora Rivera, como Wendy y más de 40 salvadoreños, llegó el último día al Consulado General en Dallas. “No podíamos pagar más, si hasta de último lo dejamos mientras reuníamos el dinero”, dice y mira de reojo los reflejos del metal de los money orders que sostiene entre sus manos.
“Para muchos fue la falta de dinero. Otros, el tiempo. Pero era preferible perder un día de trabajo a perder el permiso y tu estatus migratorio”, dice el cónsul Hernández. Aunque en general la mayoría de salvadoreños que podían aplicar atendió los llamados a la reinscripción en los primeros días.
“La gente estaba a la expectativa del TPS. Muchos nos llamaban por teléfono para ver sí ya habían dado el inicio de la reinscripción”, recuerda Carballo. En segundo lugar, dice, estaría el intento fallido de aprobar la reforma migratoria, a principios de junio pasado. “Eso hizo que las personas se inscribieran masivamente desde el inicio”.
Aunque la USCIS renovó por seis meses los permisos de trabajo otorgados en la pasada reinscripción al TPS, muchos optaron por adelantar los trámites para contar con un permiso que tuviera estampado la extensión hasta marzo de 2009. “El anuncio del proceso salió a dos semanas de que venciera el permiso de trabajo. La intención de la gente fue tramitarlo antes para pasar el menor tiempo posible con un documento que, aunque ha sido revalidado, físicamente está vencido y que les puede generar muchas incomodidades en el trabajo”, dice Hernández.
Así, para Rigoberto Bonilla el TPS es la única garantía de tener un trabajo digno. Bonilla nació en La Unión en 1976, llegó a Estados Unidos 14 años atrás. Hasta el 2001, su estatus migratorio era inmigrante ilegal y las posibilidades de tener un trabajo bien remunerado “con todas las de la ley” eran mínimas. “Dependías de la voluntad del patrón. Si era buena gente, tenías un salario decente. Si no, olvídate. Hacían lo que querían con uno”, relata.
Con el TPS en mano, Bonilla obtuvo un permiso que le permite trabajar como pulidor en una fábrica de muebles y devengar un salario de 8.75 dólares por hora. “Son 40 horas por semanas… 350 dólares a la semana… puede ser un poco más con horas extras”, hace cuentas. Sin permiso y en un trabajo similar, un inmigrante puede ganar con suerte entre 6 ó 6.5 dólares la hora y sin derecho a seguro u otras prestaciones.
“Por eso nosotros les dábamos a los usuarios una carta explicativa de parte del consulado y anexábamos el comunicado de prensa oficial del USCIS, donde se anunciaba de la prórroga del permiso de trabajo”, explicó Carballo.
“Lo primero que te piden si te enfermas o tenés un accidente laboral es tu identificación. Si no tenés la ‘green card’ (el permiso de residencia permanente) o un permiso de trabajo, pues no te atienden”, relata Wendy Sandoval, salvadoreña residente de Fort Worth desde hace ocho años y empleada de una distribuidora de ropa. “Y claro, el patrón para no tener problemas por tener inmigrantes ilegales, te despiden”, relata.
El ahora y el mañana
A ello se suma el endurecimiento de las leyes anti inmigrantes en Estados Unidos y políticas de algunas ciudades específicas. Juan Guzmán lo ha visto de primera mano en Irving, una ciudad adyacente a Dallas, donde diferentes grupos denunciaron acoso a inmigrantes por parte de la policía amparada en la aplicación del Programa de Inmigrantes Criminales 24/7 (CAP 24/7, por sus siglas en inglés).
Según publicó el periódico Al Día de Dallas, el departamento de policía de Irving detuvo a más de 1 mil 600 indocumentados bajos tres mil 901 cargos criminales entre septiembre de 2006 y el mismo mes de este año. “Te detenían por algún delito menor, como manejar sin licencia y te llevaban a la cárcel, donde verificaban tu estatus migratorio. Si no tenés papeles, te deportaban”, recuerda Guzmán.
“Por eso es tan importante estar seguro… no es que uno sea residente con el TPS, pero algo es algo”, reconoció Juan Carlos Asensio, originario de San Juan Opico que vive en Dallas desde 1998. “Con los papeles uno está más tranquilo, aunque sea por un rato, de aquí al 2009”.
“¿Qué pasará en marzo de 2009?, no lo sabemos”, concuerda Bonilla y prosigue: “Mire, la cosa es clara… ahorita tenemos trabajo porque tenemos el permiso. ¿Después?, no sabemos.”
Según explica Hernández, la misma pregunta le hicieron varios compatriotas luego de recibir asesoría migratoria. “Tenga por seguro que el gobierno de El Salvador hará todas la gestiones diplomáticas y políticas necesarias para que estas personas puedan optar a otros estatus migratorio más permanente”, promete el cónsul en Dallas. Una promesa que ya ha hecho Laínez y el embajador en Washington, René León.
Afuera del consulado, Roque Marquina, otro unionense residente en Dallas, aprieta el cigarrillo entre sus dientes al escuchar las palabras del diplomático. “Nos toca socar con esto. Ahora tenemos el TPS, eso es lo seguro… Después ya veremos. Para mientras hay que echar riata porque tenemos necesidades aquí y gente que espera aunque sea un poquito de dinero allá (en El Salvador)”.
