domingo, 09 de marzo de 2008
Tomado de www.elsalvador.com

LaLagunaChalate en el desarrollo del municipio y observando las dificultades a superar!!!

San José Las Flores da la cara por la nutrición
Alejandra Dimas
Sábado, 8 de Marzo de 2008




FOTO EDH / lizette moreno



<<Chalatenango tiene los municipios mejor evaluados en censo de talla escolar y... varios de los peores

En San José Las Flores, municipio de Chalatenango, el III Censo Nacional de Talla de niños y niñas de primer grado de El Salvador dejó tres ceros en desnutrición: un emblemático 0.00. Se puede decir más claro: los alumnos de siete años crecen con normalidad, de acuerdo con su edad, algo que sólo se ve en otro más de los 262 municipios.

"¿Ah de verdad?, mire ve", pronunció María Lidia Valle, con los ojos abiertos y un movimiento de asentimiento con la cabeza. La sorprendida es la maestra, quien tuvo a su cargo los niños de primer grado y presenció la toma de medidas de los 24 alumnos de la escuela que lleva el nombre de la comunidad.

Esos niños cursan hoy segundo grado. Ocupados en el dibujo de animales ovíparos en Ciencias Naturales, Valle repasa su físico con la mirada y busca señales que le confirmen lo que acaba de oír.

Todos encajan en el aspecto de los oriundos de Chalatenango: piel blanca, mejillas rosadas y cabello castaño. A simple vista se les ve espabilados, atentos al trabajo y guardan un respetuoso silencio mientras la maestra responde las preguntas fuera del aula.

El centro es parte de Escuela Saludable, un plan del gobierno que apoya con víveres a unas 4,100 escuelas para que preparen su refrigerio escolar. Además incluye un recetario para que los platillos sean variados. Una de esas miles es la vecina de Los Ranchos. El resultado, sin embargo, es muy diferente.

"Algunos niños desayunan aquí arroz frito con verduras, pasteles de verduras, sopa de arroz con vegetales y, pues, por lo que menos faltan es por enfermedad. Lo más que llega a darles es una gripe de vez en cuando, pero nunca se encaman", explicó María Lidia para hallarle una respuesta a los tres ceros del censo.

San José Las Flores es un lugar tranquilo, enclavado a un lado del Sumpul. Se respira humildad en las calles de un pueblo castigado severamente por la guerra y hermanado con el estado de Cambridge, Massachusetts, en Estados Unidos. Esa humildad va de la mano con la pobreza material, un hecho que realza aún más estadísticas mencionadas.

En ese mismo censo escolar subraya un retardo en talla en Antiguo Cuscatlán, el municipio "más desarrollado" del país, del 6.11 por ciento. O San Salvador, el más poblado, tiene un retardo del 7.12.

En la escuela se dan las materias básicas, pero también qué comer y qué no... algo que se cumple a rajatabla y los niños tienen asumido. La primera lección es que no pueden consumir, tampoco las venden, golosinas adentro del centro.

"Desde hace dos años llegamos al acuerdo con la señora que tiene el cafetín de que no vendiera churros ni bebidas artificiales", apuntó la subdirectora.

La mesa del chalet, atendido por Ana Monge, muestra jícamas, sandía, pepino, mango y refrescos naturales hechos con la fruta de la temporada. Ni un dulce. "Como aquí prohibimos los churros, los niños, a veces, nos dicen que también vayamos a las tiendas de sus comunidades a informar que no son saludables", comentó la profesora de primero a modo de anécdota.

En el salón, Dinora Franco, de ocho años, aún conserva un guineo que le puso su madre para la merienda. "No, los churros son malos", respondió de golpe y descomponiendo el rostro para reafirmar que ni le gustan ni los prueba por curiosidad. "Me gustan las naranjas, los mangos y hoy que llegue a la casa mi mami va a tener sopa de verdura y si encontró pollo le va a echar", expresó la niña.

Su compañero de clases, Cristian Avelar, bebe agua en vez de soda. Aunque quisiera gaseosa, sabe que tampoco se vende en el kiosco. "Antes de venir, comí leche con corn flakes", afirmó el niño de ocho años recién cumplidos. "A mi mami no le gusta ponerme frutsi y sólo me da permiso de comerme un churro a la semana. Me como la mitad en la mañana y la otro mitad en la tarde. A escondidas, mi papi me da gaseosa", aseveró sonriente.

La bebida que gana popularidad entre los alumnos es la de harina fortificada que se mezcla como fresco y viene con sabores de fresa, vainilla y banano.

A 12 kilómetros de San José Las Flores, en San Antonio Los Ranchos, los niños son más pequeños. Lo dice el censo y la prevalencia de la desnutrición crónica que es de 30.43, categoría "muy alta" lo que le vale un punto en rojo en el mapa.

Las características sociales de los pueblos son distintas. En Las Flores casi nadie decide marcharse a los Estados Unidos; en Los Ranchos, casi nadie se queda. La mayoría de los varones jóvenes ha cruzado la frontera. Hay más mujeres que en otro lugar y los niños viven con sus abuelas, sus tíos, padrinos o con vecinos mientras sus familiares trabajan en los Estados.

"Eso hasta cierto punto influye para que haya descuido", atribuyó Lucía Guardado, maestra del Centro Escolar San Antonio Los Ranchos. En ese centro también los churros y bebidas edulcoradas están proscritas. "Primero porque no aportan nada nutritivo y además generan basura", apuntó Lucía. A su espalda tres depósitos de colores dicen mucho de la conciencia por el reciclaje.

A pesar de que las maestras, en la escuela para padres, hacen hincapié en balancear las comidas con ayuda de los huertos caseros, los hábitos alimenticios no cambian.

En las tiendas, las sopas instantáneas de fideos en vaso son muy demandadas; las bebidas gaseosas, que se compran a precios bajos, son la compañía de, al menos, dos tiempos de comida. "Con la ración de alimentos de Educación viene un recetario y se programa en un calendario la comida que se va a preparar. Tratamos de hacer crema de papas y de espárragos, pero los niños decían que parecía atol y le hicieron mala cara", ejemplificó Mirna López, otra docente.

"En cambio, las enchiladas con frijoles molidos y queso rallado si son bien recibidas, hasta se repiten y así vamos probando", añadió Lucía. El refrigerio escolar se sirve a las 9:00 a.m., pero coincide con la hora del recreo; muchos optan por comprar pupusas y rechazan la merienda, más nutritiva.

Las maestras crecieron en el municipio. Lucía y Mirna son parte de los grupos que llegaron a repoblar allá por 1991, un año antes de los Acuerdos de Paz. Eran aún alumnas y además se dedicaban a la enseñanza. Se formaron en un programa de educación acelerada e hicieron bachillerato a distancia.

La escuela trata de influir en los hábitos, aprovechar la harina fortificada, pero, a veces, los frijoles, el arroz y el aceite no dan para más. Quizás eso explique, en parte, el color rojo de Los Ranchos, una isla en medio de la zona del país donde los niños crecen más sanos.


Publicado por Desconocido @ 9:12
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