Cosas para Imitar, Dulce Nombre de Maria tiene proyectos Turisticos
Tomado de la Prensa Grafica.
Saludos a los Amigos de Dulce Nombre.
Gerardo Rivera, siempre con el equipo de Futbol. Amigo de La Laguna
Dulce Nombre de María, en Chalatenango, por ejemplo, se ha maquillado para el turismo. Esta ciudad se tiñó toda de blanco, y para lucir más colorida ha pintado imágenes de sus recursos naturales, históricos y muchos santos, sobre más de 450 viviendas, muchas de ellas de bahareque y tejas. Mientras se construye un museo, ya existe una oficina de información turística, dos hoteles, restaurantes, artesanías y piscinas. Ahora falta que la gente llegue.
“Solo en pintar casas se ha invertido más de $250,000 aportados por la Unión Europea. Faltan más viviendas con dibujos, estamos en un 80% del proyecto. Pero esto no es en vano, el municipio tiene verdaderos recursos naturales aquí y hacia el norte: pinares, cascadas y paisajes. La gente empieza a venir y eso que no tenemos publicidad”, describe Elisandro Rivera, el alcalde de la localidad, de 48 años.
Dulce Nombre de María no tiene un clima fresco, pero respira un ambiente de relativo bienestar, a veces con olor a semita de tuza. La vegetación cerca del casco urbano, que está 360 metros sobre el nivel del mar, es escasa, pero un viaje de 13 kilómetros por un calle inclinada lo llevan hasta un bosque de pino, con miradores panorámicos y hasta un insólito turicentro que posee piscinas en el filo de la montaña.
“Viera que aquí poca gente de San Salvador o gringos vienen, la mayoría de turistas son de Nueva Concepción (al oeste de Chalatenango) que les gusta bañarse y caminar en senderos”, comenta Eduardo Herrera, encargado del turicentro Los Manantiales, el de las piscinas colgantes.
La silenciosa región montañosa de Dulce posee petrograbados, un turicentro, un hostal con museo de guerra incluido, curiosas formaciones rocosas, el chorrerón blanco (que hoy en verano es un hilo moribundo de agua), ríos, y hasta la posibilidad de ir al municipio de San Fernando o entrar a Honduras para luego retornar por el Poy, y sí: hay vertiginosos abismos de cientos de metros. Son paseos de turismo rural, y en ciertos puntos de aventura, que no son parte del recurrente “impresionante”.
