miércoles, 14 de mayo de 2008

 




Miriam Alas, sobreviviente de la Masacre del Sumpul, brinda su testimonio a miembros de la comunidad, quienes honraron con un acto litúrgico la memoria de más de 600 personas que fueron masacradas el 14 de mayo de 1980.

Foto cortesía de CÁRITAS de El Salvador


Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino


A 28 años de la Masacre del Sumpul, la Diócesis de Chalatenango y CÁRITAS de El Salvador honraron la memoria de miles de niños, niñas, mujeres y hombres que murieron masacrados por un combinado de fuerzas militares, civiles y de seguridad el 14 de mayo de 1980, durante el conflicto armado.

La comunidad llegó en peregrinación a una zona de frondosos árboles del cantón Yurique, jurisdicción de San José Ojos de Agua, donde se erige un pequeño monumento a la memoria de sus familiares.


Los gritos de terror, el llanto de niños y mujeres, y la sangre que corrió en la meseta de la pequeña loma del caserío Las Aradas, en las cercanías del río Sumpul se acallaron en el tiempo, pero no en la comunidad, que continúa con la fuerza para pedir justicia.


 



Miriam Alas, una sobreviviente de la Masacre del Sumpul, narró que contaba con once años de edad, cuando ocurrió la operación militar, cuando corrían para salvar sus vidas, desde el cantón Las Minas.


“Recuerdo esa mañana triste, veníamos huyendo desde un día antes, con mi familia llegamos hasta acá, nos habíamos escondido por unos matochos cuando entró el ejército, junto a la gente de ORDEN y la Guardia Nacional …. disparaban a todos y hacían capturas de niños, niñas y ancianos, a las mujeres que capturaban las violaban de inmediato”, dijo.
La testigo recordó la preocupación creciente de los adultos en ese entonces, quienes contaban con el río Sumpul, como alternativa de escape, pero al otro lado estaban tropas del ejército hondureño.y se los tragaba el río… mi hermana se ahogó ahí… creo que muchos hasta prefirieron morir así que asesinados, porque eran verdaderamente crueles los militares con uno. No valía nada la vida en ese tiempo”, agregó.
“Nos costaba correr… sólo teníamos pedazos de yinas en los pies que estaban horribles de hinchados, muchos no teníamos ni ropa, porque se nos rompía, cuando corríamos por todos lados escondiéndonos… yo me salve de milagro”, dijo.
… era terrible ver eso… fue una injusticia total”, recordó.Su salvación llegó en manos de una vecina que tenía un esposo paramilitar, fue esa mujer la que le permitió resguardarse en su casa, para salvar su vida.
“Me entró a la casa y me escondió varios días, nadie supo que yo estuve ahí… sólo oía el rafagueado (disparos en rafága), luego me sacó por una ventana… una noche… corrí y corrí hacia mi casa, hacia el cantón Las Minas y por milagro de Dios estoy aquí”, aseguró.


 


“Los gritos de la gente los tengo bien presentes, de las mujeres y los niños, cuando pedían auxilio… perdían el equilibrio


El sentimiento de impotencia y terror invadió a Miriam que sólo se resguardó en una grieta del campo, mientras, ejecutaban a la comunidad y sus familiares.


Las torturas y ejecuciones fueron el siguiente paso en la Masacre del Sumpul. Miriam recordó “ hoy que veo a estos niñitos y niñitas sonreír y sentados aquí, bien tranquilos, me da un gran sentimiento recordar cómo los soldados y guardias tiraban al suelo boca abajo a los niños y ancianos y les daban el tiro de gracia en la nuca


 


Por su parte, el sacerdote Rutilio Sánchez afirmó que la “memoria histórica” debe ser una conquista diaria en la comunidad y en el país, para no cometer los mismos errores en un futuro. “Seamos testimonios vivientes, honremos la memoria de nuestros mártires, pidamos justicia para todos, este es un territorio santo, porque sus almas se han quedado en nosotros”, puntualizó.


Publicado por Desconocido @ 13:16
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