Miércoles, 14 de mayo de 2008

 

 
AÑO XXIII #529, del 1 al 31 de Mayo de 2004
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            Según lo relata el Informe de la Comisión de la Verdad (1993), el 14 de mayo de 1980, contingentes del Destacamento Militar N° 1, de la Guardia Nacional y de la paramilitar Organización Democrática Nacional (ORDEN), dieron muerte deliberadamente a un número no inferior a 300 personas no combatientes, inclusive mujeres y niños, que intentaban cruzar el río Sumpul, a lado del caserío de Las Aradas, departamento de Chalatenango. Un operativo militar se había iniciado un día antes en la zona, en el que las fuerzas militares cometieron actos de violencia contra la población civil, lo que ocasionó la huida de numerosas familias.  Los pobladores desplazados por el operativo intentaron cruzar el río Sumpul para refugiarse en Honduras, pero las tropas hondureñas les impidieron el paso y fueron muertos por las tropas salvadoreñas que hicieron fuego deliberadamente sobre ellos.

 

            La masacre del río Sumpul fue una seria violación del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos. Y como suele ser habitual en estos casos hubo encubrimiento de los hechos. Ofrecemos a nuestros lectores testimonios de sobrevivientes y  familiares de las víctimas del Sumpul, recogidos en el lugar de la masacre el día de la conmemoración del 24 aniversario.

 

            «Yo me salvé de pura casualidad... La noche del 13 de mayo tuvimos que dormir en los montes, arriba de los Naranjos. Luego en la madrugada nos venimos para acá, pensamos que aquí íbamos a estar seguros, sobre todo si cruzábamos el río. Como a las 8 de la mañana comenzó la balacera, se oían balazos por todos lados y la gente corrió en desbandada.  No sabíamos por donde correr. Las mujeres que llevaban niños y los ancianos no pudieron correr, buscaron protegerse en los cercos de piedra y allí los mataron. Yo, por suerte,  pude correr en medio de la balacera, me lance al río y logré ponerme a salvo. Otros que hicieron lo mismo terminaron ahogándose porque el río estaba crecido y la gente no sabía manejar el agua.  Yo logré salir al otro lado del río, en territorio de Honduras. Desde ese lugar pude observar que los militares salvadoreños ametrallaron a un grupo que también se habían tirado al río. Luego vinieron dos helicópteros que  ametrallaron la zona donde estaba concentrada la población.  Eso lo vi  con mis propios ojos...» (Felipe Tobar).

 

            «Yo en ese tiempo tenía 11 años. Nos habían dicho que el ejército venía para acá. De repente vino una lluvia de disparos contra la gente. Con mi familia corrimos hacia el río Sumpul, cruzamos el puente de hamaca y llegamos al cerro Chichilco. Desde allí pudimos observar todas las atrocidades que cometía el ejército. Yo no puedo olvidar esos hechos por eso estoy aquí. Ahora soy profesor y enseño a mis alumnos que hay que recordar estas fechas para no matar la historia. Hay que recordar porque los que murieron son de los nuestros, son nuestros familiares, son de nuestros cantones. No se recuerda solo la crueldad de los que cometieron esta matanza sino, sobre todo, para conocer la verdad de semejante injusticia, para aliviar nuestro dolor y no dejar impune a los responsables» (Abel Menjívar).

 

            «Los familiares, amigos y pueblo nos hemos reunido para la celebrar la vida y llenarnos de vida con el recuerdo de nuestros hermanos masacrados. Su muerte nos compromete a no callar ante las injusticias y luchar por la justicia. Esa es la mejor manera de tener presente a nuestros familiares. Lugares como el Sumpul deben convertirse en santuarios históricos, porque aquí a muchos hombres y mujeres, niños y ancianos, les arrebataron la vida injustamente. Es una injusticia que clama al cielo. Es un santuario de las víctimas que, no nos cabe duda, han sido acogidas y valoradas por Dios. Por eso en esta celebración su muerte se transforma en vida para nosotros, cuando – a partir del recuerdo de estos mártires del pueblo – trabajamos por el bien de la comunidad, construimos comunidad en tiempos difíciles. La masacre del Sumpul fue una masacre a la vida en dos sentidos: primero porque se aniquiló la vida de hombre y mujeres; segundo, porque se pretendió aniquilar a la gente que buscaba una vida mejor, una vida con dignidad. Ante esta masacre  nosotros respondemos con nuestro compromiso con la vida, expresado simbólicamente en la decisión de construir un monumento a los mártires del Sumpul» (Traducción libre de fragmentos de la homilía compartida por varios sacerdotes en la misa del 24 aniversario).


Publicado por lalagunachalate @ 13:28
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Miércoles, 13 de junio de 2012 | 21:34