domingo, 18 de mayo de 2008

La vuelta que dio el censo

La vuelta que dio el censo

El VI Censo de Población que presentó el lunes el Ministerio de Economía dibujó un nuevo rostro del país en su conjunto, y también de cada uno de los 262 municipios, aunque en algún caso se les haya ido la mano con el lapicero. Esta es la crónica de cómo fue recibida la noticia en Las Vueltas. Para efectos legales, este recóndito pueblo de Chalatenango pasó de la noche a la mañana de tener 2,151 habitantes a tan solo 940. En Las Vueltas saben que fue una decisión equivocada tomada en un despacho de San Salvador la que los dejado sin 400 habitantes que, según parece, se agregaron a dos municipios aledaños: La Laguna y la cabecera departamental. El error, si no se subsana, supondría que se reduzca la asignación que la alcaldía todos los meses recibe del FODES.

César Castro Fagoaga Fotos de LA PRENSA/Víctor Peña
        Fecha de actualización: 5/18/2008






PREOCUPADA. La alcaldesa de Las Vueltas, Rosa Cándida de Menjívar, se enfrenta a un problema. Espera que el resultado oficial del censo no le perjudique con la asignación de recursos del FODES.


INFANCIA. En Las Vueltas, según el censo de la unidad de salud el año pasado nacieron 35 bebés. Hay, además, 28 niños y niñas entre uno y dos años; 108 entre dos y cuatro; y 193 entre cinco y nueve.


Para llegar a Las Vueltas hace falta recorrer un camino con 76 vueltas. 76 curvas mecedoras a lo largo de 12 kilómetros de carretera asfaltada hecha añicos por el abandono. Por eso es extraño que al llegar a Las Vueltas nadie acierte a decir por qué el pueblo se llama así, aunque no más de alguno se aventure a suponer, en voz alta, que tal vez sea por tanta vuelta.

 

Las Vueltas está en Chalatenango. Es un municipio que forma parte de una mancomunidad de diez alcaldías a la que se le conoce como La Montañona. Uno sabe que está en Las Vueltas cuando un rótulo así lo anuncia, cuando un rótulo verde con letras blancas, un tanto oxidado, dice que estamos a 680 metros sobre el mar, en un territorio de 36 kilómetros cuadrados, fundado en 1765. En ninguna parte del rótulo verde se dice cuánta gente vive ahí, pero eso se sabrá más adelante.

 

El parque central de Las Vueltas no está en el centro, sino más bien pegado (literalmente) a la iglesia católica, que por estos días luce gris, sin pintura alguna en sus paredes. El parque es una especie de triángulo escaleno, sin ningún lado igual, en el que el punto central es un monumento a los caídos durante la guerra civil. Tres bustos con uniformes guerrilleros, arriba de una placa con 54 nombres escritos a mano, construida en 1997, donde figuran 12 personas de apellido Mejía.

 

En el parque no hay más que el hombre que cuida, uno de los dos empleados de la alcaldía. El resto son mujeres. Se llama José Omar Menjívar, tiene 64 años, y bajo el sobaco carga un machete.

 

—Mucha gente de apellido Mejía murió aquí, ¿todos eran familia?

—No, no, es que había varia gente en los cantones con ese mismo apellido, pero no eran familia. Abundan los Mejía, sí, pero no eran familia.

—¿Pasó usted la guerra aquí?

—Con la guerra nos fuimos todos. Este pueblo quedó todo destruido, y se ha venido repoblando después.

 

En Las Vueltas de ahora viven muchos ex combatientes. Como varios municipios chalatecos, en este no se esconde la afición especial por el FMLN. De hecho, en la entrada del pueblo hay un rótulo que a nadie parece molestar. Es uno rojo que dice que son buen gobierno y que permanentemente invita a votar por el FMLN. Desde 1994, la alcaldía está gobernada por el partido de izquierda.

 

La alcaldía es un pequeño local que se encuentra cruzando la calle principal, justo frente al parque triangular. Es un lugar nada suntuoso donde hay varias computadoras con internet donde trabajan cuatro mujeres vestidas, al menos, con algo rojo. Una de ellas me dice que la alcaldesa no se encuentra. Es una mujer blanca, vigorosa, con el pelo negro hasta la espalda. Es jueves, 8 de mayo, y el resultado del censo de población de 2007 todavía es un secreto nacional, por lo que a la mujer le resulta extraño que le pregunte por él. Más extraño le resulta cuando le comento que, según los resultados oficiales, en Las Vueltas viven 940 personas.

 

—No puede ser –me dice–, no puede ser. Permítame.

 

La mujer se da la vuelta y toma un teléfono celular. Marca el número y luego de unos segundos la alcaldesa le contesta.

—Rosita, un periodista ha venido y quiere hacer un reportaje de Las Vueltas. Dice que tiene los datos del censo y que en Las Vueltas hay solo 940 personas. Se lo voy a pasar.

 

Rosa Cándida de Menjívar, así se llama la alcaldesa, suena preocupada. Conviene que lo mejor será reunirnos en persona la próxima semana porque por ahora se encuentra ocupada y en Chalatenango.

En la alcaldía, dicen que ellos no cuentan con ningún dato propio para desmentir al censo. Pero está, dice la mujer vigorosa, el censo que año con año levanta la única unidad de salud del municipio.

En la calle, a las 11 de la mañana, lo que se mira son grupos de mujeres con algunos niños en sus brazos. Entre la alcaldía y el parque triangular está la calle principal, la asfaltada, la misma que tiene 76 vueltas y unos dos mil hoyos, que también lleva a Ojos de Agua, otro municipio chalateco. La calle principal sirve de centro e incluso de cancha de fútbol. En la parte más ancha están pintadas con tiza blanca las líneas que delimitan el juego.

A un costado de la alcaldía, en los contornos de la plaza-cancha, hay una pequeña tienda que al mediodía sirve de punto neurálgico para los estudiantes que salen de clases de la pequeña escuela contigua. No hay mercado en el pueblo así que, salvando las diferencias, la tienda se convierte en oasis.

La unidad de salud está calle abajo, en dirección hacia Chalatenango, luego de pasar por el comedor comunal Yusique (el nombre original de Las Vueltas). Dentro del lugar no hay nadie esperando consulta, solo un olor fuerte a desinfectante de pino. En uno de los cuartos, denominado farmacia, se encuentra Yesenia, una de las dos enfermeras de la unidad.

Yesenia es de Chalatenango y trabaja en Las Vueltas desde 2001. Va maquillada mucho y sonríe poco. Todos los años, la unidad de salud levanta un censo de la población. En la zona rural lo hacen tres promotoras, que se reparten los seis cantones que hay en el pueblo; y en la urbana, Yesenia y otra enfermera. El dato de 940 habitantes le saca una sonrisa burlona a Yesenia. Luego, me pide que la acompañe a otro cuarto, que en este caso se trata del consultorio. La doctora, que también es la directora de la unidad, no se encuentra.

Yesenia señala un papel blanco que está pegado en la pared, bajo un mapa del municipio. En la página hay una tabla en la que está escrita a mano la cantidad de habitantes que Las Vueltas debería tener en 2007, según las proyecciones hechas por la Dirección General de Estadística y Censos: 2,151. Abajo, en la misma columna, aparece el dato que la unidad de salud denomina como real: 1,359.

—Vacunamos a todos los adultos mayores a principios de año, y los niños que aparecen ahí (en la tabla, 35 seres menores de un año) sabemos que esos son porque a todos los conocemos.

La información que recaba la unidad de salud también da cuenta de 402 viviendas para 386 familias. Hay más hombres que mujeres, 701 frente a 658. Pero en la calle lo que más se mira son mujeres. Ya es mayo y, en un pueblo agrícola como este, los hombres están en los cerros preparando la tierra para el maíz.

—¿Por qué cree que no coinciden sus números con los del censo de 2007?

—Para mí que tuvo que ver que un grupo viera la zona urbana pero que el resto lo viera otro grupo de Chalate.

—¿Se dividieron el municipio y luego se les olvidó sumar?

—Eso no lo sé. Tal vez Paco le pueda dar referencia. Él estuvo con los del censo.

Paco se llama Francisco Calles y es el dueño de uno de los tres comedores que hay en Las Vueltas. El comedor está en la entrada del pueblo, cerca de los rótulos de bienvenida y de un corral de vacas. La fachada del negocio, pintada con los colores de la telefónica Tigo, contrasta con lo que se encuentra al interior. Todas las paredes están llenas de rostros: el Ché Guevara, Fidel Castro, Schafik Hándal, Monseñor Romero. Hay banderas, la cubana claro, y la del Frente Sandinista.

Paco trabajó el año pasado como delegado municipal para la elaboración del censo. Dice que desde que empezaron lo hicieron mal. Paco no entendió en ese momento, y sigue sin entenderlo, por qué se dividió un municipio tan pequeño en tres. Lo peor, dice, es que el grupo de Las Vueltas censó la parte urbana, el cantón El Conacaste y sus caseríos, pero un grupo de Chalatenango se encargó de los cantones El Sicahuite, La Ceiba y Laguna Seca. No es todo: el último sector de Las Vueltas, el cantón Los Naranjos, fue tomado por La Laguna, un municipio vecino.

—Algo ilógico, porque lo lógico hubiera sido que nosotros barriéramos todo el municipio.

—¿Alguna explicación?

—No, solo nos dijeron que así lo íbamos a hacer, y que al final iban a unir toda esta información.

Paco fue a capacitaciones previas al censo a Chalatenango. Dice que ya no recuerda el nombre del encargado de las instrucciones. Lo que sí recuerda es lo que hizo al terminar el censo: apuntó lo encontrado en una página, un machote le dice él, y se lo entregó a la alcaldía. La parte urbana y El Conacaste, según Paco, tenían alrededor de 900 habitantes.

—Nosotros terminamos antes, claro, en ocho días. Pero siempre pensamos que sumarían los datos.

 

El censo nacional se realizó en 16 días pero en Las Vueltas no hizo falta tanto tiempo. El pueblo tiene seis cantones y 35 caseríos, pero no todos tienen habitantes. Algunos caseríos, como La Hondurita, Chilguaste o El Zurrón, del cantón El Conacaste, no tienen ni siquiera casas. Son lugares donde no ha vivido gente en más de veinte años.

La historia de Las Vueltas está muy ligada a la guerra. Sus pobladores han sido protagonistas, ahora y en los tiempos del conflicto. Gente de Las Vueltas murió en la masacre del Sumpul, en el caserío Las Aradas, el 14 de mayo de 1980; gente de Las Vueltas huyó y pasó mucho tiempo en Mesa Grande, Honduras; gente de Las Vueltas ha participado no hace mucho en la elaboración de un documental de la universidad de El Salvador llamado “Los López”.

 

 

María Elena Menjívar da fe de todo lo anterior. Ella cocina y administra el comedor que está tapizado por fuera con los colores de Tigo. Tiene 23 años y está casada con Paco. María nació en Mesa Grande y es la nieta de Magdalena viuda de López, una de las protagonistas del documental.

—La gente empezó a desaparecer en los ochenta y Las Vueltas fue un escenario de fuerza. Quizá por la organización que la gente tenía hizo más fácil escapar.

En 1980, luego de la masacre del río Sumpul, el pueblo se fue vaciando y desangrando. Los más viejos, como José, el vigilante del parque, recuerdan que no quedó una casa en pie en Las Vueltas. Era un pueblo fantasma, como también lo fueron Potonico, San Isidro Labrador o Los Ranchos, todos de Chalatenango.

 

—En 1987 regresamos –recuerda María–. Mi familia vivía en Los Naranjos y cuando regresamos todo estaba destrozado. Por eso nos situamos aquí en Las Vueltas (en el casco urbano se refiere).

El año pasado se cumplieron dos décadas de la repoblación de Las Vueltas. Una pinta, en la entrada del pueblo, así lo recuerda. Pero veinte años no han sido suficientes para hacer que todos los habitantes regresaran a sus casas antiguas. Más de diez caseríos conservan solo el nombre porque ya ni asoman rastro de las casas que algún día tuvieron.

Eso, sin embargo, no es una explicación válida para la alcaldesa de Las Vueltas. La mayoría de la gente volvió, dice ella, y si bien es cierto que la proyección de la población no es la esperada (es decir, no son 2,151 personas), tampoco son 940.

La alcaldesa Menjívar (no, no tiene parentesco con el vigilante del parque o con la dueña del comedor) no salía del asombro cuando tenía frente a sus ojos el periódico del pasado lunes. Al pueblo no llega el periódico nunca, y lo más cercano es la cabecera, por lo que la alcaldesa esperaba con ansias la confirmación oficial, y en papel, de lo que se había enterado el jueves anterior.

 

—No le podría decir si hay mala intención en esto, pero lo que sí es cierto que el dato es incorrecto.

 

La alcaldesa es joven, tiene 32 años, y antes de los 15 aprendió a empuñar un fusil. Es su primer periodo al frente de la municipalidad y, aunque no se lo han dicho, está segura de que su partido le permitirá buscar tres años más. Desde que supo la noticia está preocupada.

—El pueblo tiene que hablar. Es pequeño pero existe, y si resulta que si este censo dice que somos menos capaz que nos disminuyan el presupuesto.

La alcaldesa está preocupada y no es para menos. Las Vueltas es uno de los municipios catalogados por el Gobierno como de pobreza extrema severa. La cantidad de dinero que reciben en concepto de FODES depende, entre otras cosas, del la cantidad de habitantes. La alcaldesa, como la unidad de salud, insiste en que la población es de 1,359. El resultado oficial indica que son 940, 400 habitantes menos.

Al mes, el municipio recibe $21,776 de FODES. Los proyectos que se hacen son pequeños, porque soñar con algo más grande como reparar la calle principal, la lunar, es imposible. Pero no son los únicos recursos que llegan al municipio. Al ser un pueblo tan pobre, según otro censo elaborado por el Gobierno, tienen derecho a recibir ayudas económicas y en obras de un programa conocido como Red Solidaria. El 29 de noviembre de 2006, Red Solidaria, el programa dirigido por Cecilia Gallardo, la ex ministra de Educación, entregó bonos de $30 o de $40 a 238 familias de Las Vueltas. Ese día, el Gobierno repartió $7,870, y la entrega se repite cada dos meses.

A la alcaldesa Menjívar el programa le gusta a medias. Evidentemente no reniega por los bonos o por el puente que le están construyendo para conectar un caserío con 30 familias, pero dice que al programa le hace falta algo.

—No voy a decir que es malo, porque no lo es, pero el problema es que no es integral. En la parte agrícola, por ejemplo, se da la semilla pero los insumos agrícolas siguen caros. Se lo hemos dicho a la Cecilia pero ella nos dice que hablemos con el CENTA.

Con la de mayo serán nueve entregas las que ha hecho Red Solidaria en el municipio. Dinero para que una familia se comprometa con la educación y salud de sus hijos. La alcaldesa Menjívar acepta que su pueblo es pobre, pero se resiste a pensar que lo sea tanto.

—Hay otros municipios que están peor. Nosotros no estamos tan jodidos: el 96% de la población tiene agua.

La alcaldesa aún no sabe qué hará para demostrar que el censo se ha equivocado. Le pregunto por el documento que le dejó el delegado municipal luego de terminado el censo. Eso le hace un clic porque no recuerda que lo tenía, y pide a una de sus colaboradoras, una mujer blanca, ojos azules, a quien ella llama comadre, para que se lo busque en la computadora. La mujer de ojos azules tarda unos minutos y entra a la oficina de la alcaldesa y pone sobre el escritorio vacío (la alcaldesa tiene una decoración minimalista) varias hojas impresas.

Es una lista larguísima de nombres, con direcciones, edades, cantones, y hasta número de DUI.

—Esto fue lo que nos trajo Paco.

 

Pero la alcaldesa se equivoca. Más tarde, ese mismo día, Paco miraba las páginas como quien ve nieve. En su vida las había visto.

—Yo lo que les dejé fue un papel escrito a mano, un machote.

La esposa de Paco, María, está cerca, y aún es temprano para preocuparse por los clientes que llegan al mediodía, obreros que reconstruyen una casa frente a la iglesia, y los otros que hacen lo mismo con el puente. María pide ver el documento y luego de varios minutos, de dar vuelta a las hojas, concluye: es el censo hecho por Red Solidaria.

—Morena, mira esto, ¿verdad que es el censo suyo?

Morena Menjívar es su hermana y hasta hace poco fue la delegada municipal de Red Solidaria para Las Vueltas. Morena es muy delgada y ahora carga a su hijo de siete meses, a quien anda descalzo y con poca ropa por el calor que hace. Morena es ahora una de las dos promotoras que Red Solidaria tiene en Las Vueltas. Ha llegado al comedor de su hermana para trabajar y está sentada junto con la nueva delegada municipal , Rosa López (Morena ahora es solo promotora). La joven lee las hojas con cuidado. En voz alta comenta lo que está leyendo: número de ficha, número de lote, número de correlativo, dirección, nombre, DUI. Ha repasado todas las columnas del documento y lo mismo ha hecho Rosa después.

—Sí, es el censo de nosotros.

—¿Por qué está tan segura?

Morena no llega a contestar porque antes lo hace su hermana, María, que también tiene un hijo, en este caso de un año.

—Si ese no fuera el censo, y si no fuera reciente, mi hijo, que nació en 2006, no aparecería ahí.

Y ahí aparece Francisco, el hijo, de un año y con la misma dirección que la que sus padres.

De regreso en la alcaldía, nadie sabe que en sus computadoras se encuentra una prueba fehaciente para decir que algo raro le pasa al censo de población de 2007. No lo sabían la alcaldesa ni las empleadas, que dicen no saber cómo ese documento en Excel llegó ahí.

El documento da cuenta de 1,421 personas, un poco más que lo dicho por la unidad de salud pero bastante más holgado que los 940 que nadie quiere aceptar. A diferencia del de la unidad de salud, que la enfermera Yesenia considera muy seguro, el de Red Solidaria viene con nombres y apellidos, direcciones, edades y números de identificación. Solo faltan los números telefónicos.

Para poner en marcha Red Solidaria fue necesario hacer un censo para dar cuenta de las familias a las que se les iba a entregar el bono bimensual de $30 o $40. Morena y Rosa dicen que la ayuda se entrega a 249 familias, más de la mitad de los que viven en Las Vueltas.

—Por eso es que creo que tiene que ser más de 900 habitantes en este municipio –dice Morena.

—¿Y el de la unidad de salud?

—También es confiable, y mucho. Todo mundo va ahí porque es la única que hay en el municipio.

Cuando se anunció oficialmente el resultado del censo, el pasado lunes 12 de mayo, el responsable de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC), Miguel Corleto, no dio espacio para los errores en lo que se estaba presentando. Se lo preguntaron varias veces y él defendió el censo.

La alcaldesa suspira cuando lo piensa y espera que todo sea un error, una mala suma, para le devuelvan los 400 habitantes que le hacen falta a Las Vueltas.

 


Comentarios

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Autor: rolando2789
Fecha: martes, 23 de diciembre de 2008
Hora: 15:49

Las Vueltas que da el Censo, primero que nada a estos señores "periodistas" que hacen investigaciones tan exhaustivas, hay que darles clases de geografía o cartografía para que puedan leer un mapa o por lo menos conocerlo... El Censo de Población..Rebotado