En el Río Sumpul persiste la demanda de justicia de las víctimas
| A 28 años de la masacre del Sumpul, los sobrevivientes exigen justicia y se preguntan ¿dónde están los que ordenaron matar a niños, mujeres y ancianos. Foto: Diario Co Latino/Frederick Meza |
Alicia Sánchez
Redacción Diario Co Latino
Centenares de personas provenientes de diferentes partes del norte del país llegaron al caserío Las Aradas, del Municipio Ojos de Agua, en Chalatenango, para recordar a las víctimas de una de las más grandes masacres, y pedir justicia.
En el año 1980, la Guardia Nacional inició una serie de crímenes en diferentes partes del país, una de ellas fue la masacre a orillas del río Sumpul, muriendo alrededor de 600 campesinos, entre ellos niños, niñas, jóvenes, mujeres, hombres y ancianos .
A 28 años de la Masacre del Sumpul, aún se recuerda con nostalgia y se reclama justicia, ya que las víctimas eran personas que murieron inocentemente. “La Guardia Nacional, en combinación con el ejército de Honduras, hicieron una masacre contra niños, mujeres, ancianos y venimos a recordarlos para mantener la memoria histórica”, dijo Carlos Franco, uno de los sobrevivientes.
Julio Rivera Guardado, testigo de los hechos, cuenta que a principios de los 80 las “patrullas paramilitares echaban las grandes batidas por los caseríos, torturando, asesinando, robando y quemando las casas”.
La gente ya no podía vivir allí porque, combinado con el terror que sentían, tenían que esconderse en las montañas, bajo la intemperie, soportando el frío, la lluvia, el hambre y enfermedades.
María Magdalena Delgado, de la Comunidad Los Calles, no pudo contener sus nervios, con palabras entrecortadas por el dolor y el recuerdo de haber perdidos a sus familiares. “No tenemos que olvidar esta historia que está bañada con sangre. En el momento de la masacre ella estaba lavando. Me dijeron allí vienen los soldados y me fui con mis trapitos. Yo que llego a la casa y casi me matan, fui amenazada de muerte”, señala la mujer.
En su relato, cuenta que eran por lo menos 100 soldados los que rodearon la casa. Ella se encontraba con sus tres niños, dos de ellos fueron capturados por los policías y uno se fue a esconder a donde la abuelita.
Entre el recuerdo de María, los asistentes participaron de una eucaristía por los más de 600 campesinos asesinados.
Fue el padre Fausto Milla quien ofició la misa, el sacerdote, de origen hondureño, fue quien recibió a muchos de los sobrevivientes de la masacre y en esta ocasión hizo memoria de un testimonio que le impactó.
«Me tocó atender a muchos sobrevivientes de la masacre, recuerdo a Lolita Guardado, ella se refugió con sus hijos en una cuevita y en el hospital de Santa Rosa de Copán. Ella estaba atravesada con esquirlas por todos lados, porque contaba que ese día llovían las balas de los helicópteros. Tenía a su hijo de 2 años en brazos y las balas le cortaron los testículos al bebé, y la otra niña de 13 años iba a medio río cuando la mataron», recordó Milla.
Por su parte, el Padre Rutilio Sánchez, exhortó a la población a no dejar la memoria histórica y que se siga luchando contra las injusticias.
