martes, 27 de mayo de 2008

  

Mons. Ricardo Urioste
Presidente Fundación Monseñor Romero

Veintiocho años después de su muerte, Monseñor Romero sigue vivo y hablando, quizá más poderosamente que en vida. Su nombre es conocido en todo el mundo y habla no sólo para El Salvador, sino para el mundo entero. Su figura es conflictiva, como no podía ser menos. Nuestro Señor Jesús también creó conflictos y por eso terminó su vida crucificado. Según el Evangelista Lucas, Jesús: “Será puesto como una señal que muchos rechazarán”. (Lucas 2,3). A Jesús le hicieron un juicio injusto y fraudulento y fue condenado a muerte. A Monseñor Romero, sin juicio, le condenaron a morir.

Por haber sido rechazado, como Jesús, de su persona se crearon ideas contrarias. “Su figura es siempre controversial y cargada de significados contrarios: Profeta y subversivo, mártir y revolucionario, hombre de Iglesia  hombre de la política, pastor de almas y caudillo, buscador del diálogo y agitador de la calle”  (Morozzo, Vita di Oscar Romero; pág.11). El mismo Monseñor Romero era consciente de esto: “En San Salvador se hacen dos retratos del arzobispo: para algunos él es la causa de todos los males, una especie de monstruo maléfico, para otros, gracias a Dios, sobre todo para el pueblo sencillo, es el Pastor” (Diario, pág.19 – 1/abril/1978).

El año 2000, en el vigésimo aniversario de su muerte, se dio un raro momento de unidad alrededor de su nombre. La Asamblea Legislativa de El Salvador, después de las elecciones ganadas por ARENA dio un pronunciamiento público expresando un reconocimiento para Monseñor Romero, como pastor “que luchó por la justicia, la libertad, la democracia y la paz” (ver texto completo en “Orientación, 2 –abril-2000, pág.10).

Según Monseñor Jesús Delgado, Monseñor Valladares, amigo íntimo de Monseñor Romero había dicho: “Este hombre es un enigma y un misterio indescifrable y es necesario conocerlo para poder juzgarlo” (Delgado 3-junio-2001 a Morozzo).  Por miles de páginas de sus escritos, homilías, discursos, es necesario leerlos con paciencia para poder entrar en su mente y en su corazón. Para la misma Iglesia resulta difícil, por no estar acostumbrada a esta clase de santidad. Mucha gente solo se alimentó de Monseñor Romero por lo que decían los periódicos, los campos pagados en su contar, o lo que se decía en los corrillos de amigos, pero nunca se han puesto a leerlo concienzudamente.

Monseñor Romero llegó a ser un actor para periodistas del mundo entero por su vida de Santidad y su firme posición delante de un gobierno totalmente irrespetuoso de los derechos humanos. “Romero llegó a ser la voz más libre, más autorizada, más universal, que este pequeño país podía ofrecer” (Morozzo, Vita, pág.15).  En 1979 el parlamento inglés lo propuso para el premio Nobel de la Paz.

Pero en El Salvador todo reclamo de justicia se consideraba una mano extendida al comunismo. En la campiña salvadoreña, con solo  tener una Biblia era causa de muerte, varios asesinados fueron encontrados con una Biblia en la mano. Todo esto no era sorpresa. La Encíclica de Paulo VI, sobre los problemas sociales la “Populorum Progressio”, había sido calificada por el New York Times, como “Marxismo recalentado”.

Todo eso y más tuvo que sufrir Monseñor Romero. Su fuerza era Dios y su palabra venía de Dios.

No fue entendida. Pero ¿acaso se entendió a los profetas? ¿acaso se entendió a Jesús? Quien como Monseñor Romero atiende sólo a Dios y no se fija en a quién se va a desagradar o a quién va a agradar tendría que pasar por el mismo martirio. Veintiocho años después Monseñor Romero sigue vivo y sigue hablando.


Publicado por Desconocido @ 13:02
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