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asta hace más de dos años producía tres y media toneladas de maíz oro por hectárea (0.7 toneladas por manzana), pero en 2006 que cultivó semilla genéticamente modificada su rendimiento se duplicó. Para el ciclo agrícola 2008 espera cosechar hasta ocho toneladas por hectárea.
Así de simple es la razón por la que José Osorio, agricultor del municipio El Espinal, en el departamento colombiano del Tolima, asegura que no volverá a cultivar variedades híbridas que no sean transgénicas, porque al utilizar esta semilla modificada con el gen "YieldGard", sus ingresos mejoraron sustancialmente.
Esta experiencia acumulada por Colombia desde 2001 cuando comenzó a experimentar con la producción de clavel azul, luego algodón y ahora maíz y trigo la está siguiendo muy de cerca la Cámara Agropecuaria y Agroindustrial de El Salvador (Camagro), que busca adquirir la biotecnología o uso de semilla transgénica para que los agricultores mejoren el rendimiento y la rentabilidad de sus pequeñas parcelas.
El presidente de Camagro, Ricardo Esmahán, realiza esta semana una gira por el país suramericano para enterarse de primera mano cómo los pequeños y medianos agricultores colombianos han visto mejorada su producción agrícola y la competitividad.
"Queremos ver si este tipo de tecnología les ha cambiado la cara a los agricultores colombianos, si esa tecnología al final del día les ha dado la oportunidad de tener mejores ganancias en sus procesos agrícolas", destaca.
La idea es que se pueda poner en práctica en El Salvador, donde hay menos tierra y en su mayoría minifundios, para utilizar mejor este recurso limitado e incrementar las cosechas, para darle ventajas competitivas al productor y, como país, ir afianzando más la seguridad alimentaria, explica el representante de los agricultores.
Con la transferencia de biotecnología Camagro busca empezar a educar sobre las ventajas de su aplicación y eliminar los mitos que existen a su alrededor.
Añadió que no hay tiempo que perder, sobre todo ahora que los precios de los granos básicos se han elevado impactados por el petróleo y la reducción de inventarios mundiales a causa del impacto del cambio climático en las cosechas recientes.
Por ello aplaude la reciente derogatoria del artículo 30 de la Ley de Semillas, que prohibía la producción y uso de este tipo de tecnología en El Salvador.
El país, signatario del Protocolo de Cartagena, normativa internacional para el uso seguro de los transgénicos, no permitía la aplicación de biotecnología.
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