jueves, 04 de septiembre de 2008


Recordando a nuestro primo, el siempre recordado Carlos Guillermo Rivera Afaro, Carlitos.
Primo hace 9 años partiste adelantandonos con mucho a la vista del Señor.. ahi estamos siempre epnsando en tu sufrimiento y tu gloria ahora al lado de Dios.

Nota tomada del Latino este dia 3 de septiembre de 2008

  

Marcelino González Cañas, de 31 años de edad, conversa con Diario Co Latino en su casa del Barrio La Merced, de la ciudad de San Miguel, junto al pozo del cual ha bebido agua toda su vida. Shelino, como es llamado por su familia, sufre insuficiencia renal crónica y anda en busca de un (a) donante de riñón.
Marcelino González Cañas, de 31 años de edad, conversa con Diario Co Latino en su casa del Barrio La Merced, de la ciudad de San Miguel, junto al pozo del cual ha bebido agua toda su vida. Shelino, como es llamado por su familia, sufre insuficiencia renal crónica y anda en busca de un (a) donante de riñón.


Elder Gómez
Redacción Diario Co Latino

Los repentinos piquetazos en el corazón le revelaron a Marcelino González Cañas, un joven migueleño de 31 años de edad, que tenía la presión elevada y que debía ser internado de urgencia en un sanatorio privado para ser estabilizado por una cardióloga, si quería continuar viviendo. Era el 21 de abril de 2008.

Una semana después de haberse sometido a esa prueba médica, el diagnóstico de lo que le ocurría le cayó como balde de agua fría: insuficiencia renal crónica, el temido mal que ha destronado en los últimos años al también mortal Síndrome de Inmunodeficiencia Adquiridad (SIDA), de acuerdo a datos oficiales.

“Estoy jodido”, fueron las primeras palabras que al alegre joven color canela y cabello azabache, al que su familia llama de cariño Shelino, se le cruzaron por la mente cuando recibió la impactante noticia de su enfermedad.

Él, que toda su vida ha bebido agua del pozo de su casa situada en el Barrio La Merced, de la calurosa ciudad de San Miguel, atribuye su mal “al descuido por no haberme chequeado con anticipación”.

No obstante, una investigación del Instituto de Vulcanología, de la Universidad de El Salvador, reveló que las aguas subterráneas, de donde proviene la que ha bebido Shelino, están contaminadas con “exceso” de minerales sulfúricos y gases causantes de males renales y cáncer.

El “exceso” de minerales sulfúricos y de gases como el Radom en los mantos acuíferos subterráneos, provienen de gigantescas cámaras magmáticas del temido volcán Chaparrastique, a cuyos pies se levanta la pujante ciudad de San Miguel, señaló Rafael Cartagena, uno de los vulcanólogos que participó en 2001 en la investigación del agua de los pozos de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA).

La ANDA sirve agua a millones de personas del oriente salvadoreño, y del país, que es tratada “solo para eliminar los microbios, pero no los minerales”, dijo Cartagena, quien recordó que por el fenómeno “el agua de pozos tiene algunas veces un sabor feo”.

Sin embargo, el aparecimiento de la mortal enfermedad, en el supuesto de que las aguas subterráneas serían las responsables del aumento de casos de insuficiencia renal crónica, es una ruleta rusa. Los otros tres hermanos de Shelino – un hombre más y dos mujeres, además de su madre, Teresa – no han mostrado síntomas de males renales, aunque a una de sus hermanas le fue diagnosticado cáncer de seno un par de años atrás.

La investigación del Instituto de Vulcanología de la UES reveló que el agua de los mantos acuíferos subterráneos de la zona oriental salvadoreña también contiene elevados niveles de Radom, un gas que se disuelve en agua, causante de cáncer.

Desde el descubrimiento de su mal, Shelino ha sido sometido a varios dolorosos procesos de hemodiálisis en el hospital del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), filial San Miguel.

De acuerdo a la Asociación Salva mi Riñón –ASALMIR-, un incipiente organismo que intenta ayudar a los enfermos renales, solo el 2. 1 por ciento de los afectados por esa enfermedad renal en la zona oriental de El Salvador reciben tratamiento formal, el resto, “esta sentenciado a muerte”.

“Durante mi primer hemodiálisis sentía que me iba a morir. El corazón se me puso duro y me dolía, sentía que los pulmones se me contraían, la vista se me apagó y la respiración se me estaba quitando”, recordó con tristeza Shelino su primer tratamiento, quien pese a lo complicado de su enfermedad, aún confía en terminar su carrera universitaria en comunicaciones.

Recordó a Diario Co Latino que tras desvanecerse en la camilla con su primer hemodiálisis, llegó el “soplo divino, pero nadie me dio explicaciones de cómo sucedió todo”.

“Quiero formar un hogar, he suspendido las clases que daba también en una escuela de manejo y un programa de radio”, relató el joven.

Marcelino, quien a duras penas continúa trabajando en su ahora única fuente de ingresos en una empresa de portones metálicos, detalló que el proceso de hemodiálisis tarda cuatro horas y asiste a el en el hospital del Seguro Social una vez por semana, junto a otras personas de la región que padecen la mortífera enfermedad. “Hay pacientes que han dejado de orinar y los líquidos dañinos se les acumulan en la sangre”, recordó Shelino, sentado en una silla plástica roja que colocó junto al pozo que mandaron a construir sus padres a principios de los años 80, en el patio de su casa.

Shelino continúa a la espera de que un voluntario (a) le done un riñón que pueda sustituir al aparato que le limpia cada semana los líquidos dañinos de su sangre en el hospital del Seguro Social migueleño.

Pero también “espero el favor de Dios, una sanación divina”, dijo el joven con una expresión triste en sus grandes ojos negros.

Hasta ahora, Shelino ha logrado esquivar la muerte, que no logró burlar uno de sus tíos, quien falleció años atrás de insuficiencia renal crónica. Él también bebía agua del mismo pozo que Shelino.


Publicado por Desconocido @ 0:02
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