Y como ya no quiere que haya champas en el país, el candidato arenero a la presidencia ha lanzado una oferta que le costará alrededor de 60 millones de dólares a la chequera estatal.
La primera pregunta que surge ante tal promesa es ¿de dónde saldrá el dinero para construir esas casas dignas que hagan desaparecer del paisaje salvadoreño el tema central de la canción más famosa de los Guaraguau?
Ávila tiene a flor de lengua la respuesta: del BMI o de los bancos del Estado, entiéndase el Hipotecario y el de Fomento Agropecuario.
¿Y a estos bancos cómo le va a llegar dinero para que otorguen préstamos para tales casas? Otra vez la respuesta sale fácil: "Pues una de las medidas es capitalizarlos con los fondos con que se pagan los salarios de todo el gobierno".
La oferta electoral para eliminar las champas del mapa salvadoreño se ubica en la pestaña "Programa Vive Mejor" del extenso documento que "resume" el plan de gobierno del tricolor. Es uno de los ejes con los que el candidato busca atrapar votos en un estrato de la población que se vuelve apetecible para todos aquellos que lanzan planes "sociales": la clase pobre.
Con la confianza adquirida por lo coloquial de la conversación, Ávila explica que el proyecto será construir 50 mil nuevas viviendas a un costo "altamente subsidiado". Aunque no serán regaladas.
Y para los que tienen una casita más o menos mejor que una champa pero que aún se califica con el epíteto de "indigna" también hay compromisos electorales: se planea "mejorar" 360 mil viviendas mediante donativos de láminas para los techos y el programa "pisos de concreto", entre otros.
En el proyecto de Ávila esta promesa se pinta como una espiral virtuosa: por un lado se mejora la calidad de vida de los beneficiados directos, y por otra se reactiva el sector de la construcción, que en el último año sufrió fuertes pérdidas.
Como las casas no serán regaladas, aunque se subsidiará la mayor parte del costo, se dará créditos a largo plazo y a intereses muy bajos.
"Este programa tiene otros valores agregados —añade Ávila— como una mejor salud a las familias beneficiadas, se genera empleo y se protege a la gente contra los embates de la naturaleza".
Estos planes, agrega César Funes, el jefe de la campaña presidencial de ARENA, no son improvisados, responden a un plan de desarrollo territorial. Y es un proyecto que ya se presentó ante la Cámara Salvadoreña de la Construcción.
En una pizarra donde tiene los datos principales de este programa, el aspirante arenero dibuja varios edificios que rodean una pequeña plaza. Es el bosquejo de los complejos habitacionales que se construirán en zonas donde no haya mucho espacio.
"Estos se van a parecer, y no me importa si se enoja quien se enoje, a los proyectos que construyeron los militares", resalta Ávila minutos antes de pararse frente a un mapa gigante de El Salvador y apuntar con su dedo la zona del bajo Lempa.
"En esta zona el gobierno todos los años gasta millones de dólares y siempre la gente sufre por las inundaciones", comenta. Su plan incluye a estas comunidades: de regreso a la pizarra dibuja una casita con pilotes, como las que se ven en las películas con escenas de islas.
En esa pizarra el candidato ha trazado con un plumón rojo un dibujo infantil: la casa, los padres, el niño y un perro. "¿Ustedes saben lo que significa una vivienda para los niños?... es su universo", recalca.
Es entonces cuando suelta una frase y haciendo énfasis en cada sílaba: "Es que miren, yo ya no quiero más champas en El Salvador". Al escucharlo uno de sus asistentes, asiente con felicidad.