viernes, 13 de marzo de 2009
Jueves, 12 de Marzo de 2009 22:03

La hazaña de Norman Quijano cambió el ánimo de un partido que estaba deprimido y desunido por la tribulación. Sin embargo, independientemente de si el triunfo le sonríe este domingo o no, en la familia arenera hay cuentas pendientes y urgentes de cobrar.

Por Carlos Martínez
www.elfaro.net


Hugo Barrera tenía un lugar en la primera fila, justo frente al atril, de modo que el orador le hablara de frente, a la cara. Tenía bien ganado su asiento de privilegio: estaba en sus dominios, en las instalaciones de la fábrica Diana, presidiendo un auditorio lleno de empleados suyos. Cuando el anunciador indicó el momento, Rodrigo Ávila se puso de pie y comenzó a hablarle de frente, a la cara, al tipo que hacía dos meses lo había pintado como un fantoche.

Un par de meses antes de este encuentro, el 13 de enero, El Faro probaba suerte con el celular de Hugo Barrera. No solo contestó la llamada, sino que parecía estarla esperando. Nos invitó a hablar en su casa. Tenía  algo que decir.  Esperaba en el cuarto de estudio, en compañía del economista Luis Membreño. Este último leía un panorama desolador en las encuestas. Luego de algunas sumas y restas, de ordenar los números, creía haber hecho un hallazgo: el FMLN ganaría de forma aplastante todo. Sus cálculos le vaticinaban la posibilidad -casi certeza- de que producto de las elecciones de ese 18 de enero, 43 manos en el congreso serían rojas.

Barrera comenzó a hablar antes de que encendiéramos las grabadoras y la primera pregunta ni siquiera quedó registrada. En aquella ocasión veía a su partido cabizbajo y a sus adversarios victoriosos. Dijo estar convencido de que Rodrigo Ávila era apenas una estrategia del presidente de la República para mantener su control en el partido. Después que la entrevista vio la luz, en los pasillos areneros Barrera se convirtió en un paria.

Dos meses después estaba sentado frente a aquel atril y Rodrigo Ávila lo miraba a los ojos, mientras le prodigaba lisonjas y lo ponía como ejemplo. Al acabar el discurso se saludaron con un abrazo y cortaron una cinta.

¿Qué hizo cambiar los ánimos? Curiosamente fue una elección en que los números fríos dicen que  Arena perdió, que obtuvo casi 100 mil votos menos que su adversario, que dejó de gobernar  una treintena de alcaldías. Una elección -que más allá del número de votos- supieron vender como un triunfo, gracias a un candidato al que las encuestas habían desahuciado y que hizo de la conquista de la  alcaldía de San Salvador una hazaña capaz de inspirar.

Si antes de que Norman Quijano se convirtiera en alcalde electo los líderes tradicionales de Arena sentían poco entusiasmo por compartir la mesa de Rodrigo Ávila, después de la elección faltan sillas. Los ex presidentes salieron de sus casas y pronunciaron discursos que elogiaban al candidato, los fundadores del partido se pusieron los chalecos y aquellos que alguna vez disputaron con Ávila la candidatura ahora adornan las tarimas y cortan cintas inaugurales.

Pero las diferencias que surgieron a raíz del proceso de selección interna, del cual Ávila resultó candidato presidencial, lejos de haber muerto, parecen sólo estar dormidas para permitir la foto de familia. Desde ya asoma la reedición de un debate incómodo en Arena: la duplicidad de presidencias.

Algunos líderes del partido creen que si Ávila llega al poder, debe dejar libre la presidencia del partido: “Siempre he creído que el presidente de la República debe estar fuera de una posición del partido, creo que no es conveniente, yo me mantuve fuera del Coena siendo presidente, igual Cristiani, igual Flores”, dice el ex presidente Armando Calderón Sol. Mario Acosta Oertel, un ex miembro de la Comisión Política de Arena, acuerpa al ex mandatario: “Tiene que haber una encerrona después de las elecciones, es necesario separar los dos cargos. Hay que renovar al partido, ahora el país ya no se debate entre Este y Oeste, izquierda y derecha, eso ya pasó”, argumenta.

Sin embargo desde el Coena, César Funes, vicepresidente de campaña, asoma ya un no. “No es tan automático, él ha de entregar el partido cuando sea el momento histórico-político y cuando crea que ha logrado sus metas de apertura y de fortalecimiento del partido. El cronómetro no es automático”, explica.

Por lo pronto, la foto de la familia arenera se amplió tanto que en el cuadro aparecen chalecos azules, verdes y amarillos. PCN y PDC retiraron de la contienda a sus fórmulas presidenciales y decantaron su respaldo oficial en favor de Arena. También lo hizo Julio Hernández, quien aún viste con chalecos de su partido muerto, el FDR, y Wilfredo Salgado, alcalde de San Miguel... sólo después de hacer que Ávila le firmara una serie de compromisos con una garantía de un  millón de dólares.

El domingo 8 de marzo, con el estadio Cuscatlán lleno y un conjunto de encuestas que dibujan un escenario cerrado, discursaron todos, frente a un auditorio arenero dispuesto a aplaudir a los invitados.

El reto de poner orden en el coro

Antes de incluir a otros partidos en su campaña, Arena ya había invitado a otro foráneo a su casa. Arturo Zablah, quien en octubre de 2007 había coqueteado con la candidatura presidencial del FMLN, completó la fórmula en octubre de 2008 y fue presentado como muestra de apertura. De inmediato, Zablah quiso dar pruebas públicas de su valía política y el mismo día de su presentación anunció que había logrado frenar la concesión de los puertos. Semanas después, el candidato presidencial y presidente de Arena, Rodrigo Ávila, se refirió a Zablah como el “vicepresidente de la economía”, y Zablah, cuanta vez pudo, dejó claro que no sería una simple figura de acompañamiento: su inclusión en la fórmula incorporaba una serie de medidas que no siempre armonizaban con la estrategia del partido.

El candidato a la vicepresidencia quiso colarse o colar sus ideas en el trabajo de al menos dos equipos encargados de hacer propuestas técnicas: uno de ellos fue la comisión presidencial que encabezaba la vicepresidenta Ana Vilma de Escobar  y que tenía por mandato elaborar un plan para dar en concesión los puertos. El otro equipo es el del plan de gobierno arenero, encabezado por el embajador René León.

El primer equipo incluso ya había terminado su trabajo y había elaborado una propuesta técnica. Luego de varios meses de trabajo le propusieron al presidente que concesionara ambos puertos a una empresa extranjera. Pero Zablah proponía exactamente lo contrario: que ambos puertos quedaran en manos del Estado y la discusión tuvo que iniciar de nuevo.

Las mesas de consulta de las que surgiría el plan de gobierno tenían ya seis meses de trabajo cuando   Arturo Zablah propuso dejar de cobrar el iva a los medicamentos y a la canasta básica. Incluso, durante la presentación del plan de gobierno -de cuya elaboración no participó- tomó el micrófono para anunciar una medida que no se encontraba en ninguna página del plan: las personas que ganaban mil dólares o menos no pagarían impuesto de renta.

Una a una, las banderas de Zablah fueron arriadas por unos y otros. “Es importante el hecho de que no podías defraudar a la gente que participó en las mesas y decirles: todo lo que hemos hecho y discutido con ustedes ya no vale,  porque hemos hecho una alianza política”, explica León, quien ha desestimado que la exención de renta sea una promesa y ha reducido el asunto a una simple idea de cuya viabilidad fiscal tiene serias dudas.

Rafael Lemus, coordinador de la mesa económica, desecha también la propuesta de suprimir el iva a los medicamentos y a los productos de la canasta básica, porque considera que es una medida que tendería a beneficiar a quienes tienen más recursos económicos: “Ese tipo de ideas de quitar el iva tanto a la canasta básica como a las medicinas te da exactamente el mismo efecto que el subsidio generalizado del gas propano y de energía. ¿Quién se apropia más de los beneficios que el grupo más alto? En otras palabras, hacer eso es una política pro ricos y no pro pobres”, argumentó.

Finalmente, luego de una serie de debates en los que hubo fuego cruzado entre la vicepresidenta Ana Vilma de Escobar y Arturo Zablah, el presidente Saca se decantó por la propuesta de la comisión técnica y, nuevamente, la propuesta de Zablah quedó relegada a su propio discurso.

César Funes, el jefe de campaña de Ávila, minimiza las tensiones que estos desacuerdos han generado en el equipo arenero y asegura que se trata de “un debate sano”.  

“Es evidente que son cosas en las que él (Zablah) sigue creyendo, quizá algunas están desfasadas debido a la coyuntura, porque no fueron pensadas para un momento de crisis... (aunque) Él no tiene que dejar de creerlas”, comentó.

El candidato a la vicepresidencia prefirió no comentar el asunto y aseguró que estaría dispuesto a ofrecer declaraciones a este periódico después del 15 de marzo. Sin embargo, en una entrevista concedida al canal 21 el pasado 9 de marzo, fue consultado en vivo sobre su relación con René León,  y sugirió que para él el plan de gobierno no es un asunto cerrado, y que aún cree tener oportunidad de engrosar la lista de propuestas... Zablah aprovechó el mismo espacio para hacer aclaraciones sobre el título académico del embajador. “No es ingeniero, es licenciado en economía, el licenciado León  lo que ha hecho es coordinar  el programa de gobierno, y lo que se ha hecho es entregar un documento que es la plataforma de gobierno. Pero también lo ha mencionado el ingeniero Ávila en varias ocasiones, esto es como una especie de anillado, que se pueden quitar o se pueden poner algunos temas, más que todo agregar algunos temas, porque sería ilógico decir aquí está ya este este libro y no lo vamos a cambiar absolutamente, nadie lo hace así.  En cualquier parte del mundo que se hace un plan de gobierno, tiene que ser flexible y adaptable”, argumentó.

En caso de que Rodrigo Ávila se convierta en el próximo presidente de la República, ¿qué voz tendría más autoridad: la del “vicepresidente de la economía” o la de los gestores técnicos del plan de gobierno del candidato? Dentro del coro del que estaría rodeado Ávila, ¿quién terminaría teniendo la nota más alta?

Al ser consultado, León ofrece algunas pistas. Aseguró que Ávila nombraría a un equipo de transición, cuya responsabilidad sería coordinar con el actual gobierno el cambio de mando. “Ese equipo no solo es el que va a recibir los temas de todo el aparato del Estado sino que además son los que van a tratar todos los temas: subsidios, puertos, cuestión fiscal. Rodrigo va a tener que definir quién es la cabeza. Él va a determinar quién es la cabeza de ese equipo. Y yo esperaría que de ese equipo se pudiera perfilar quiénes son los miembros del gabinete de Rodrigo, lo que no quiere decir  que todos los miembros van a asumir un puesto en el gabinete. Tiene que haber referentes, claro. Para mí la clave está en la coordinación de ese equipo de transición”.

César Funes aseguró incluso que este equipo ya está nombrado, y que el coordinador del mismo tiene ya nombre y apellido aunque se negó a identificarlos. Cuando León le contó a este periódico del equipo de transición y de la relevancia que tendrá el coordinador del mismo, lo hizo conociendo ya su composición.

Arena superó la prueba y consiguió hacer que su fiesta -que al principio parecía destinada al fracaso- terminara siendo un éxito rotundo en concurrencia, incluso desde fuera del partido. El reto ahora será poner orden y explicar a los invitados que no todos pueden estar sentados en la mesa de honor.


Publicado por Desconocido @ 8:58
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