
Agencias
Correa no oculta su posición política y cierra sus discursos citando al Che Guevara con su "hasta la victoria siempre" QUITO - Lo auguró el presidente de Ecuador, Rafael Correa, hace tres días, en el cierre de la campaña política: este domingo alcanzaría la sexta victoria electoral consecutiva, y así fue según las encuestas a boca de urna cuya tendencia se confirmará este mismo día.
Él cuenta -para sumar esos triunfos- las dos vueltas presidenciales de 2006, la primera la ganó contra todo pronóstico y repuntando desde una intención de voto de 7 por ciento hasta pasar primero al balotaje con 56 por ciento y luego derrotar al magnate bananero Álvaro Noboa.
Después vinieron la votación para autorizar la instalación de la Asamblea Constituyente, enseguida la elección de asambleístas y finalmente la aprobación de la Constitución, promovida y diseñada por su gobierno para aplicar el "socialismo del siglo XXI".
Hombre triunfador, sin duda, gran comunicador, poco conocido en política donde pasó de ministro de Finanzas del gobierno de Alfredo Palacio, en 2006, a candidato ganador de la presidencia, Correa no oculta su posición política y cierra sus discursos citando al Che Guevara con su "hasta la victoria siempre".
La tarima es un lugar que le gusta y en ella da fogosos discursos, descalifica a los opositores y a quienes cree que lo son y habla contra los "pelucones" como llama a los representantes de la clase alta, pero también canta himnos revolucionarios de los años sesenta a coro con sus ministros más cercanos.
Economista de profesión y profesor universitario, de 46 años de edad, se apoya en esa formación para dar sus tesis al respecto en que promueve un Estado fuerte y regulador, la baja de perfil del mercado y el reposicionamiento del ser humano dentro de una economía solidaria y no competitiva, con una alta inversión social, que sus detractores llaman políticas populistas.
Crítico decidido del capitalismo, al iniciar su gobierno aseguró que en Ecuador terminó "la oscura noche neoliberal" y ha tratado de buscar otras opciones frente al principal socio comercial de Ecuador, Estados Unidos, acercándose a Irán, a China y a Rusia, sin que los intentos produzcan los efectos deseados.
Su acción más dura en la diplomacia fue la ruptura de relaciones diplomáticas con Colombia en marzo de 2008 a raíz del bombardeo militar colombiano sobre territorio ecuatoriano contra un campamento de las FARC en que cayó el líder rebelde "Raúl Reyes".
El tema sigue en investigación y Colombia persiste en acusar al gobierno de Correa de relaciones con la guerrilla, lo que ahondó el distanciamiento con uno de los últimos representantes de la derecha en la región, Álvaro Uribe.
No oculta su cercanía con el presidente venezolano Hugo Chávez, a quien defiende y resalta cada vez que tiene oportunidad, y con él sueña en una real integración subregional con fuerza militar y moneda propia, hacia donde se realizan diversas acciones.
La "revolución ciudadana", como llama al proceso que impulsa, sigue así su marcha en Ecuador y Correa sabe desde ya los problemas de los que adolece: su fortísimo liderazgo es individual y a través de él logró apoyo para sus candidatos, pero no es un fenómeno que tenga réplica en su partido y que pone en riesgo la continuidad, y por otro lado, la economía, que será su principal adversaria en los próximos meses cuando sus consecuencias han sido represadas dentro de la etapa preelectoral.
Correa fue hoy designado presidente en la novena elección presidencial realizada en Ecuador desde 1979, su proceso revolucionario no sufrirá marcha atrás. Así lo ve él y sus seguidores dentro de un país donde la oposición se desarticuló y los partidos tradicionales desaparecieron y surgió un apoyo mayoritario a la propuesta de cambio, aun poco clara a pesar de los dos años de ejercicio del poder del actual mandatario.
Le quedan cuatro años más para esas definiciones pendientes y la posibilidad de una sola reelección por el mismo tiempo, si no hay más cambios constitucionales para su mayor permanencia en el poder.
