lunes, 29 de junio de 2009

 

En el sarcófago de piedra, que nunca ha sido abierto, se descubrieron material y restos óseos humanos con la ayuda de una sonda introducida por un pequeño orificio.

Escrito por Hanns-Jochen Kaffsack (dpa)/Roma, 29 jun

Lunes, 29 junio 2009 12:43



El Papa tenía reservado el derecho a dar a conocer la sensación arqueológica al cierre del año de San Pablo: investigaciones independientes confirman que en la tumba del misionero y mártir hay restos óseos que coinciden con la historia de este "organizador" del primer cristianismo.

  Apenas pocas horas después, el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo completó el anuncio de que la tumba bajo el altar de la basílica de San Pablo Extramuros, en Roma, será abierta para seguir con el análisis, aunque con la mayor de las precauciones para evitar cualquier daño.

  "En el sarcófago de piedra, que nunca ha sido abierto, se descubrieron material y restos óseos humanos con la ayuda de una sonda introducida por un pequeño orificio", anunció el Papa de forma inesperada el domingo por la tarde en una parte de su sermón no adelantada previamente.

  Para Benedicto XVI está claro entonces que San Pablo está enterrado exactamente donde se lo venera. El sarcófago, de más de dos metros y medio de largo, "bajo el altar mayor fue objeto de exhaustivos análisis científicos". Por primera vez en todos los siglos desde la muerte como mártir del santo, que fue decapitado en Roma en el año 67.

  La diminuta sonda introducida por un agujero descubrió semillas rojas de incienso, una tela de lino con aplicaciones doradas y restos de una tela azul. Pero el auténtico hallazgo es la datación por carbono 14, que establece que los restos óseos proceden del siglo I ó II después de Cristo, es decir la época de Pablo.

  "De esta forma, parece que podemos establecer sin lugar a dudas que realmente se trata de los restos de San Pablo Apóstol", dijo el Papa, sobre todo teniendo en cuenta que los científicos no tenían idea de dónde procedían los restos. "Este hallazgo nos conmueve profundamente".

  Una identificación inequívoca es sin embargo imposible, según el arqueólogo Rengert Elburg. El especialista en huesos y restos orgánicos de la oficina de Arqueología de Sajonia dijo a dpa en Dresde que un análisis genético no tiene ningún sentido, ya que el ADN no puede compararse con el material genético de los descendientes de Pablo.

  El experto advirtió sobre el cuidado absoluto que requiere la apertura de un sarcófago. "Es comparable a la apertura de la tumba de un faraón", dijo Elburg. Además, agregó, métodos forenses permitirían reconstruir el rostro. "Pero no sabemos cómo era el aspecto de Pablo".

  No obstante, "las marcas de la decapitación pueden perfectamente probarse", dijo Elburg. En general se trata de un corte visible entre la tercera y cuarta vértebra.
  En su misa del domingo, Benedicto XVI hizo además un balance positivo del año paulino, que conmemoró los 2.000 años del nacimiento del apóstol. La extraordinaria figura de San Pablo fue honrada y el año dio "frutos e inspiraciones espirituales", dijo el Pontífice. A lo que se añadió el descubrimiento.

  "Sólo el Papa puede hacer anuncios tan festivos y formales", dijo el cardenal Di Montezemolo. Por eso, días antes la sala de prensa del Vaticano había tenido que desmentir lo que fuentes de la Santa Sede sabían desde hace un año y medio.

  Y es que el final del año paulino era el mejor momento para la revelación que ahora seguirá siendo objeto de investigaciones más profundas. El Papa autorizará la apertura del sarcófago, según el cardenal. Pero lo que se avecina ahora es "un trabajo largo y complejo porque la tumba del apóstol Pablo está rodeada de una gruesa piedra".

  Según la tradición cristiana, Pablo (Saulo en hebreo), era hijo de una familia judía de dinero. Después de participar al principio en la persecución de los cristianos, su vida cambió al presenciar el milagro de ver a Cristo resucitado frente a Damasco.

  Se convirtió, se volvió apóstol y junto con Pedro fue el principal misionero del mensaje de Jesucristo. En el año 67 fue decapitado en Roma y enterrado en la Via Ostiense, donde en el siglo IV se erigió la basílica de San Pablo Extramuros, sobre sus restos.

  Hace unos cinco siglos, la cripta con el sarcófago fue cerrada y debido a las sucesivas reformas, restauraciones y un incendio, se perdió el conocimiento de dónde se hallaba la tumba. Finalmente, en 2005, los arqueólogos hallaron un sarcófago romano. Desde diciembre de 2006 se puede ver de nuevo: una pequeña ventana bajo el altar mayor permite visualizar un costado de la tumba de piedra.

Publicado por Desconocido @ 14:28
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