viernes, 31 de julio de 2009

Como todos los años, universitarios y trabajadores conmemoraron con una marcha a los estudiantes asesinados la tarde del 30 de julio de 1975. Lo novedoso esta vez fue que en una manifestación de izquierdas hubo consignas contra el primer presidente de izquierdas de El Salvador.

Lauri García Dueñas / Fotos de Mauro Arias
Publicada el 30 de julio de 2009 - El Faro

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“¿Por qué van encapuchados si hay un nuevo gobierno?”, se me ocurrió preguntarle a algunos jóvenes con pañoletas y pasamontañas cubriéndoles los rostros, mientras esperaban este viernes en las afueras de la Universidad de El Salvador comenzar a marchar en conmemoración del asesinato de estudiantes a manos del gobierno el 30 de julio de 1975.

Cuando escucharon la pregunta, volvieron a verse como buscando una respuesta en los ojos de sus compañeros y, luego de un instante, respondieron: “Por la presencia de las cámaras”.

Prácticamente lo mismo que argumentaban cuando las fuerzas policiales o de seguridad pública representaban el poder coercitivo del Estado en manos del partido de derecha Arena. Ahora el partido en la presidencia de la República es el izquierdista FMLN, pero para los estudiantes universitarios algunas cosas no cambian.
 
Empezaba así el recorrido hacia el paso a desnivel de la 25a. Avenida Norte, donde hace 34 años fuerzas militares reprimieron a centenares de estudiantes. Hasta el día de hoy, no se sabe a ciencia cierta cuántas personas fallecieron en la masacre, aunque la mayoría de fuentes cita entre dos y tres decenas de víctimas. Tampoco hubo un proceso legal en contra de los responsables.

En el transcurso de la marcha, que salió a media tarde de este viernes, abundó la retahíla de consignas ya conocidas en contra de la burguesía, en contra de los medios de comunicación, criticando la falta de memoria histórica, y la coyuntura hondureña fue propicia para que se aludiera también al golpe militar que puso en la silla presidencial a Roberto Micheletti.
 
Uno de los momentos cumbres de la manifestación fue cuando se quemó un gorila gigante de cartón al que los estudiantes apodaron “Goriletti”, justo el despectivo que utilizó el presidente venezolano Hugo Chávez como primera reacción al golpe contra su aliado Manuel Zelaya, ocurrido el 28 de junio anterior.

La efigie de Micheletti fue incinerada junto a las de una tanqueta y otros símbolos militares que sirvieron para ilustrar el derrocamiento en Honduras y la masacre de 1975.

Hasta ahí, todo era normal, tomando en cuenta que estas marchas desde hace años han estado condimentadas y nutridas por grupos afines al partido FMLN. Sin embargo, hubo otro blanco de consignas y críticas, quizás menos agresivas, pero también presentes. Y ese fue el nuevo gobierno, esta vez representado por la Policía Nacional Civil: “El perro aunque con distinto collar sigue siendo perro”, se aventuraron a gritar algunos manifestantes.
 
Una señora que atendía en una fotocopiadora frente a la Universidad entendió que el ataque era contra el presidente Mauricio Funes y protestó para los pocos que la escuchaban cerca: “Tanto deschongue que dejó Arena, ¿cómo se va a parar el hombre en un mes?”

Y más adelante, el economista Raúl Moreno sostenía que la alternancia es solo el primer paso, y también el ya legendario Carlos Consalvi, “Santiago” de la Radio Venceremos, recostado a la sombra de un almendro, comentaba: “Esta marcha me trae recuerdos, ojalá esta juventud siga adelante”. Mientras, decenas de jóvenes corrían al coro de “Esta es la U, esta es la U”.

Si las consignas que aludían al collar se referían a Funes, no quedó claro, pero quienes sí aludieron directamente al presidente fueron los del autodenominado Movimiento Socialista de Trabajadores y Campesinos, Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional, quienes se manifestaron desencantados por la conducta ante el golpe de Estado en Honduras.

Reconocieron que, al ocurrir el derrocamiento, Funes actuó bien y cerró las fronteras y fue duro en su condena al gobierno impuesto. Luego, sin embargo, perdió firmeza, según los trabajadores que acompañaban la marcha. “Luego bajór perfil frente a las presiones de la empresa privada, representadas en ANEP y ASI”, dijeron.
 
Aducen, en el comunicado distribuido durante la marcha, que “luego el gobierno de Funes comete un error aún más grave; el cual consiste en sembrar entre las masas que lo llevaron al Ejecutivo la confianza en el ‘profesionalismo’ de las Fuerzas Armadas salvadoreñas, posición que va en contra de cualquier modesto análisis histórico y político”.

El movimiento pidió a Funes un boicot directo al gobierno golpista y que no llame a confiar en las fuerzas armadas salvadoreñas.
 
Al megáfono, otros militantes recordaron que el nuevo presidente dijo, al tomar posesión, que su gobierno estaría inspirado en la figura de monseñor Romero, y aseguraron que el arzobispo, al contrario que Funes, “sí le daba la cara al pueblo”.

Esto último también en referencia al descontento ocasionado por el inicio de la construcción de la presa El Chaparral, y el plan de construir la presa El Cimarrón.

En el desfile participaban también jóvenes de la escena punk de Santa Ana, que señalaban que el gobierno, sea de izquierda o de derecha, no trabaja en favor de los más pobres.  “La pobreza no tiene patria”, pintaron en verde, en una pared junto al hospital Pro Familia.

Los policías no salieron indemnes de tanta crítica y descontento, pues un estudiante de la Brigada Revolucionaria de Estudiantse de Secundaria (BRES), vestido de mujer y empuñando una ametralladora de cartón, tomó un ladrillo, lo tiró como bola de boliche hacia las piernas de un agente que caminaba delante suyo, quien trastabilló y casi cayó al suelo al ser alcanzado por el objeto. El agente volvió la cara en busca del agresor y lo que encontró fue a una seudomujer que, burlista, lo enfrentó: “Allá se fue”, le dijo el hombre del vestido, señalando el arenal de la Tutunichapa y causando la risa de los espectadores, quienes celebraron la mofa al policía.

Más allá de todo el folclor propio de estas manifestaciones sociales, las consignas contra el nuevo gobierno y contra el rector de la UES Rufino Quezada, el recuerdo de esa tarde fatídica del 75 se mantuvo en la memoria de los participantes.

Esperanza, de 67 años, marchó en recuerdo de su hermana Dora Ramos, quien a los 23 años fue la muchacha que quedó tendida bajo una tanqueta. Aunque hasta hoy la gente cree que Dora murió en esa ocasión, fue hasta en plena guerra civil cuando fue finalmente desaparecida, luego de años de estar organizada.

“Yo tengo nueve familiares desaparecidos”, comentó la señora, quien realizó el recorrido junto con su esposo Prudencio.

Mientras, el maestro normalista Julio Augusto Gómez, de 71 años, recordó ese 30 de julio en el que visitaba a su madrina en la Policlínica, cuando se oyeron los balazos y la señora gritó: “Están matando a los muchachos”.
 
De esa época, Julio recordó también los bemoles de la organización magisterial y estudiantil. Y escuchó, atento, uno de los últimos gritos de la marcha,: “¡Carlos Fonseca, Carlos Hernández, Ever Mendoza, Domingo Aldana, Napoleón Calderón, Reynaldo Hasbún, Antonio López, Sergio Cabrera, Teresa Miranda! ¡Porque el color de la sangre jamás se olvida!”

Al fondo, el humo del gorila de cartón y el aparecimiento de una repentina y caudalosa lluvia aplacaron la marcha. Hace 34 años, el agua que lanzaron los bomberos lavaron la sangre de los estudiantes.


Publicado por lalagunachalate @ 11:37
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