Martes, 16 de marzo de 2010

 Tomado de Salvadoreños por el mundo

Asesinato en vivo y en directo en San Salvador
Por José Manuel Ortiz Benítez

Este muchacho, como cualquier otro joven salvadoreño de clase alta en el noroeste downtown San Salvador, tiene sus preferencias bien marcadas, le atrae el deporte, vestirse bien, estar con sus amigos y salir de fiesta los fines de semana. Le gustan las prendas de calidad, como Calvin Klein, Burberry, Oscar de la Renta, Reebok, Dolce & Gabbana, etc., pero por nada del mundo cambiaría su marca particular, la que lo identifica de verdad: el alacrán sobre fondo rojo, el emblema del Instituto Nacional Francisco Menéndez (INFRAMEN), donde estudia turismo y hostelería.

Carlos Francisco, 2º hijo de la familia Garay-Granados, de 18 años de edad, con una gran aceptación social, no sabe que esta tarde morirá desangrado en la calle como consecuencia de cuatro puñaladas en el abdomen, aplicadas por un contemporáneo, menor de edad, llamado Jonathan, en el cruce de la 79ª Avenida Norte y la 5ª Calle Poniente, en las inmediaciones de la Colonia Escalón, San Salvador, El Salvador.

Jonathan, el joven verdugo, está finalizando el bachillerato en el otro instituto, el Instituto Nacional Técnico Industrial (INTI), el rival del INFRAMEN y viceversa.

 

“El Johnny”, como lo llaman sus amigos, no tiene escrúpulos, sólo objetivos: matar, matar por una camiseta, un gesto, o por lo que haga falta. Blanca, de 19 años de edad, tampoco tiene dudas al respecto. Su misión es ayudar a su amigo Jonathan a matar por defender algo que ellos llaman honor, el honor de su instituto, el INTI.

Nilton García, reportero de la Prensa Gráfica, sección cultural, tendrá una oportunidad tenebrosa sobre el terreno: ver y reportar la muerte de Carlos Francisco, en vivo y en directo, por el objetivo de su canon digital 5D, en una zona ostentosa de la capital, poco presta a este tipo de asesinatos.

Ésta es la historia de un asesinato en vivo y en directo en el centro de San Salvador.

Carlos Francisco, vive en el extremo oeste de la Colonia Escalón, en la hiper-lujosa comunidad llamada Cecilio del Valle, pero ha quedado con sus amigos, en la otra punta de la Escalón, al norte, cerca de la 79ª avenida norte y la 3ª calle poniente, en la zona de las embajadas. Por estos buenos barrios está aquella mansión que Nicolás Salume cedió, en régimen de alquiler, al entonces candidato presidencial, Mauricio Funes.

Son las 4:00 de la tarde y, como de costumbre, esta zona de la Escalón está tranquila. Pronto morirá acuchillado, sin que nadie lo impida, otro joven salvadoreño.

Después de estudiar un rato en la casa de uno de sus amigos, Carlos Francisco y sus dos cheros del alma salen a dar una vuelta por el centro comercial del Paseo General Escalón.

Al regreso del centro comercial, Carlos Francisco y sus amigos caminan sobre la 79ª avenida, en dirección norte. Ven una enorme valla publicitaría de ron caribeño y dicen entre bromas y risas, “mañana por la noche pedimos 3, 1 para cada uno”.

Al cruzar el Pasaje Los Pinos, aparecen El Johnny y su amiga Blanca. Al olfatear a su presa desde la media distancia, El Johnny menea la cabeza de arriba a abajo. Blanca intercepta la señal, como un animal bien adiestrado, y se lanza a la caza.

Simultáneamente Carlos y sus dos amigos empiezan a correr como almas perseguidas por el demonio. Corren hacia arriba, por la avenida y se frenan, debido al cansancio, antes de cruzar la 5ª calle poniente.

El Plan de Johnny y Blanca es simple: aislar a la víctima y matarla, como hacen los grandes depredadores en la selva abierta. En esto se ha convertido El Salvador desde hace algún tiempo, un lugar donde se mata por una mirada, por 25 dólares o por cualquier cosa.

En el primer intento, El Johnny no lo consigue. Blanca interviene como una hiena y entre ambos consiguen despojarle el cinturón. Carlos Francisco no lleva dinero, sólo una camiseta roja con el dibujo del alacrán del INFRAMEN en la espalda, la gran pieza de valor por la que El Johnny está dispuesto a matar.

Los amigos de Carlos intentan intervenir, pero la corpulencia de Blanca y la amenaza de una espesa hebilla de metal zumbando cerca de sus sentidos los mantienen al margen.

Mientras la hiena espanta a los corderitos, El Johnny cansa con soltura a su presa.

Carlos Francisco se aplica a fondo y logra esquivar los primeros manotazos. Se refugia momentáneamente entre las palmeras, plantadas en la zona verde de la intersección.

Los amigos de Carlos insisten en su auxilio, pero una vez más son repelidos por la ferocidad de Blanca. El Johnny aprovecha la habilidad de Blanca con el cincho y mete el primer manotazo en la cara de Carlos. La presa retrocede y El Johnny saca un puñal. Carlos se ve arrinconado entre las palmeras. Se le disparan las pulsaciones del corazón. La muerte está cerca.

A unos 50 metros más abajo, en la 79ª avenida, entre la 5ª calle poniente y el pasaje Istamania, Nilton, el fotógrafo de la Prensa Gráfica, no sabe qué hacer. Se le activa un dispositivo en su conciencia y no está seguro de sí debe seguir disparando con su reflex o acudir al auxilio de Carlos.

Todo pasa demasiado deprisa. Nilton decide, momentáneamente, aferrarse a su profesión. Pero mantiene abierto el debate interno en su conciencia.

Mientras tanto, Carlos intenta esquivar las puñaladas de Johnny, poniendo el antebrazo derecho para defender el cuello y la cabeza; y su mochila para cubrir el abdomen y las partes bajas.

En el cruce de calles, todo marcha con normalidad, la circulación del tráfico, los transeúntes que pasan y observan el acto violento, sin ningún deseo de querer formar parte de él.

La víctima está transpirando una mezcla de sangre y sudor. A Nilton le empieza a temblar el índice sobre el disparador. Carlos está acorralado, no puede con su verdugo. La mochila, utilizada como escudo humano, está destrozada y los libros pisoteados en el suelo. Nilton, que observa la escena con gran atención, sabe que a Carlos se le acaban las defensas y que sus reflejos ya no pueden esquivar el puñal.

Nilton se vuelve a meter en el debate, pero el reportero innato sale a luz. El ruido del disparador de su cámara digital se armoniza con el del puñal zambulléndose en el abdomen de la víctima.

Carlos Francisco Garay Granados, se desplomó en el asfalto aproximadamente a las 5:30 de la tarde del día 11 de marzo de 2010, después de que Jonathan Alexander Durán, de 17 años de edad, le hundiera cuatro veces el puñal en el hígado, en plena luz del día, en el corazón de la Colonia Escalón, en San Salvador, mientras las imágenes de cada puñalada quedaban grabadas, en vivo y en directo, en la memoria interna de una cámara digital. Carlos Francisco Garay Granados murió dos horas después en el Hospital Rosales.

¿Hasta dónde llegará la ola de violencia que sacude El Salvador?

Publicado por lalagunachalate @ 10:37
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